Imaginen ustedes el circo, pero no ése que llaman Circo del Sol, tan fino y tan elegante… no, no. Imaginen el circo que acampa en una explanada poligonera, con todos sus bichos y todos sus atributos. En tal bella estampa puede convertirse su hogar cuando vuelvan las criaturas del campamento, o a tal bella estampa puede que se parezca su destino vacacional, si es que insensatamente han optado este año por frondosas montañas, pantanos humeantes o playas afrodisíacas.
Los bichos son para el verano. Y son más listos que nosotros porque huyen del feo cemento urbanita. Ellos, vividores, sibaritas, disfrutones, nos esperan en la playa o en la montaña frotándose las patitas. La boticaria-domadora escribe hoy de nuevo en su querido Club de Malasmadres sobre cinco numeritos circenses con salto mortal incluido para mantener a raya a las fieras estivales (me refiero a los insectos). Si no quieren ser devorados sin piedad, háganme un poquito de caso.
Pinchen en la imagen, ¡el espectáculo está a punto de comenzar!
