¿Quién pone el nombre a los medicamentos? ¿Por qué Viagra se llama Viagra?

¿Quién le pone el nombre a los medicamentos?

Aripiprazol, levetirazetam, hidroclorotiazida, troxerutina, ácido ursodesoxicólico, dabigatrán… ¿es necesario poner estos nombres? ¿quién es el cruel señor que se levanta por las mañanas con un boli y comete semejantes atropellos? En realidad, no hay una sola mente tan retorcida sino que es todo fruto de muchas mentes pensantes. La IUPAC, la OMS y hasta las agencias de publicidad tienen mucho que decir en el proceso. En realidad es un “monstruo” de tres cabezas que en ocasiones ofrece resultados tan bizarros como esta imagen…

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¿Cómo funciona el proceso de “bautizar” a un medicamento?

Es en realidad un triple bautizo porque los medicamentos, las moléculas, tienen por lo general tres nombres: nombre sistemático (que es el que le ponen los señores químicos), nombre genérico o Denominación Común Internacional (que lo marcan los señores de la OMS) y nombre comercial o de fantasía que lo eligen los laboratorios. Vamos a ir viendo los tres pasos del “bautismo farmacológico” con un ejemplo. Así, por poner un ejemplo conocido…. Viagra. Su historia es de las más entretenidas y quizá, lo mucho que le dieron al coco con su nombre, tenga en parte la culpa del éxito del fármaco. Aparte de sus propios méritos, claro.

Viagra tiene tres nombres…

1. Nombre sistemático

Como decíamos tiene principalmente tres nombres y el primer nombre es el nombre sistemático IUPAC (La Unión Internacional de Química Pura y Aplicada) que describe su estructura.

Todos hemos escuchado muchas veces que los laboratorios investigan miles de moléculas pero pocas son las elegidas que son efectivas llegan a “medicamento”. Se calcula que sólo llega a las farmacias una de cada 10.000. PERO, cada una de las 10.000, pobrecitas, aunque no triunfe, tiene derecho a un nombre. Se les bautiza con una nomenclatura estándar que marca la IUPAC y como decimos hace referencia a su estructura. En el caso de Viagra, el nombre sistemático es:
Citrato de 1-[4-etoxi-3-(6,7-dihidro-1-metil-7-oxo-3-propil-1H-pirazol[4,3-d]pirimidin-5-il) fenilsulfonil]-4-metilpiperazina.

Y tranquilos que hay un resumen: C22H30N6O4S

Aunque parezca raro, es el nombre “básico” y se pone para tener algo así, de andar por casa, y que los investigadores se aclaren entre ellos.
Después de escuchar este nombre, todos los que hemos mencionado al principio y que parecían tan raros, ahora casi parecen un juego de niños.

2. DCI o nombre “genérico”

Es la Denominación Común Internacional (DCI) o nombre genérico y es un nombre informativo. Se designa un nombre para que pueda ser identificada la molécula en todos los países, es decir, que lo pueda prescribir un médico de Cuenca o de Wisconsin. La OMS se encarga de coordinarlo. No todos llegan a tener una DCI. Los laboratorios sólo pueden solicitar el nombre cuando el fármaco está en fase clínica. Actualmente hay unas 4000 denominaciones comunes internacionales registradas que se manejen habitualmente y cada año se añaden 150 más.

En este caso, los nombres se “diseñan”. El nombre genérico contiene una sílaba común (raíz) relacionado con la familia farmacológica a la que pertenece la sustancia. Luego se agregan sílabas, letras o palabras separadas para diferenciar entre sustancias de la misma familia. Además, el difícil requisito (aunque no siempre se cumple) es que no se parezca a los miles de nombres genéricos anteriormente aprobados.

Por ejemplo, en el caso de Viagra la DCI o nombre genérico es:

Sildenafilo: “Afilo” es el sufijo común que significa inhibidor de la fosfodiestera”. Al inhibir la fosfodiesterasa, se favorece el flujo de sangre hacia el pene. Otros inhibidores de la fosfodiesterasa terminarán también en “afilo” y, para diferenciarlo de sus primos hermanos, se cambian sílabas y letras: Tadalafilo, vardenafilo, avanafilo.
Otros ejemplos que nos sonarán a todos de sufijos que se emplean son “profeno”, que identifica a los antiinflamatorios no esteroideos (AINES): ibuprofeno, dexketoprofeno, ketoprofeno, flurbiprofeno, etc. Como la OMS no lo pone fácil, al final todo esto da igual y la gente acaba llamando al ibuprofeno como buenamente puede. Algunas de sus variantes más conocidas son “el neopreno” o el ibuproFRENO (que suponemos que es el ibuprofeno que está muy quietecito)

Otro sufijo muy conocido es “oprazol” que es común a los inhibidores de la bomba de protones: omeprazol, lansoprazol, pantoprazol (mencionar a la escuchante de Ibiza que le hacía gracia lo de los inhibidores de la bomba de protones). Desde aquí un llamamiento a todas aquellas personas que pronuncian “omeoprazol”, quizá influidos por la homeopatía. Es omeprazol, sin diptongo. Mi variante favorita es el “omeoprazol en barrilete”, que es el omeprazol en bote.

3. Nombre de fantasía: vayamos al grano,  ¿cómo llegó a llamarse Viagra?

Encontrar el nombre de fantasía es todo un reto. Los laboratorios, como cualquier otra empresa que quiere poner nombre a un nuevo producto, contratan empresas de marketing “branding”, concretamente, y se puede tardar hasta 2-3 meses en llegar a un veredicto. Se puede invertir hasta 1.000.000 en el proceso de poner nombre, diseñar logo, etc.

Se intenta que sean nombres cortos, impactantes, fáciles de recordar. Hacen un estudio de palabras que puedan resultar “evocadoras”, suelen recurrir al latín y al griego PERO sin saltarse la ley. Pueden “evocar”, pero no demasiado, sin que se note. Pueden poner “Frenadol” pero no “Curaresfriado”.

Y con Viagra, lo bordaron. Viagra no es un nombre casual. Está elaborado pensando en Vigor (vi) y Niágara. Niágara en inglés se pronuncia “nai-agara” parecido a “vai-agra” y lo que se pretende es evocar a esa cascada o ese flujo potente de las cataratas del Niágara asociado al vigor. Pero a Viagra le ha salido un primo hermano competidor, con un nombre que viene pisando fuerte ¡Spedra!

No me llames Spedra llámame…

Intentando seguir la estela de éxito de este famoso medicamento se ha comercializado otro, también para la disfunción eréctil, llamado Spedra (principio activo avanafilo, primo hermano del sildenafilo). En este caso Spedra evoca en primer lugar a “speed” que es velocidad o rapidez en inglés, y después a “pedra”, que lógicamente, evoca a una piedra. Y, como diría Mayra Gómez Kemp, hasta aquí puedo leer.

Los ansiolíticos, o el paraíso de la imaginación.

Me gustan especialmente los ansiolíticos y los hipnóticos (me refiero a los nombres). Porque están muy bien bautizados en general. En cuanto a la denominación común internacional, los sufijos “zepam” y “zolam” hacen alusión a la familia de las benzodiacepinas: diazepam, bromazepam, alprazolam, lorazepam.
Sus nombres de fantasía son “Valium”, que es un nombre suave, con un punto zen, viene de “valere” fuerza en latín y “equilibrium”. “Lexatín”, que evoca relax, “Trankimazín”, que con el “tranqui” ya lo dice todo y el clásico “Orfidal”, como Morfeo, dios del sueño.

Mis favoritos: la cursilería de los anticonceptivos.

Los nombres de fantasía de anticonceptivos son mis favoritos. Son de fantasía, pero fantasía de Disneyland hacia arriba. Hay una infantilización de los nombres brutal y en general no pueden ser más cursis. Actualmente están comercializados: Yasmin, Yasminelle, Yira, Sibilla, Ailyn, Anaomi, Azalia, Ceciliana, Qlaira. Y dados de alta aunque no se comercializan hay dos que son fascinantes: Juliperla y Sofiperla. En este caso, los de marketing con la “Juliperla” no sé si se ganaron el millón de euros.
Y como colofón, en Argentina puedes sentirte divina mientras tomas tus anticonceptivos porque precisamente hay dos comercializados con ese nombre: Diva y Divina. Me imagino a la señora que se levanta por la mañana y dice: “voy a por mi Divina del día”.

Aquí, el concepto de “evocar”, creo que se les fue un poco de las manos.

2 Respuestas a los Comentarios

  • remorada19 Mayo, 2017 a las 13:33

    qué divertido, me has dado en la yema del gusto con este post etimológico!

    ya que estoy por aquí, te cuento que el técnico de laboratorio de química forestal en mi universidad era el señor Túpac y, obviamente, le decíamos señor Iupac ^^U

    Eso de los “aptónimos” o nombres que encajan con el trabajo que realizas es otro mundo apasionante! Como el ginecólogo de mi tía en Lima que – no bromeo – es el Dr. Concha Alegre.

    Buen finde, Boti! ^^

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  • Mar19 Mayo, 2017 a las 16:24

    Muy grande el post, recuerdo cuándo estudiaba la carrera y me preguntaba por qué les ponían esos nombres a las moléculas tan fáciles y sencillos de estudiar. Y ya cuando tocaban los antineoplásicos o los biológicos era otro mundo!
    Uno de mis nombres favoritos de fantasía es el “Motivan”, me parece un poco de humor negro ponerle ese nombre a un antidepresivo…

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