Dia Mundial del Farmacéutico

¡25 de septiembre! ¡FUN-FUN-FUN! Hoy, además de quedar tres meses exactos para que llegue Papá Noel y ser el cumpleaños de mi prima Tere, celebramos el Día Mundial del Farmacéutico.

El día mundial. Del mundo mundial. Ahí es nada.

Os voy a ser sincera. Yo soy más del 8 de diciembre, la Inmaculada Concepción, que de toda la vida en España ha sido la patrona de los farmacéuticos. Teniendo en cuenta que el 6 de diciembre se celebra la Constitución y que empalmando con el 8 sale un puente muy majo, no se me ocurre mejor manera de celebrar la onomástica profesional que con cuatro o cinco días de vacaciones. Pero oye, que si las autoridades sanitarias dicen que hay que celebrarlo el 25 de septiembre, yo obedezco y ya les digo: ¡FUN-FUN-FUN!

A lo que vamos, que me pierdo. El lema de este año es: El farmacéutico, aliado de tu salud. A mí esto de “aliado de tu salud” me da mucho que pensar. Porque no me canso de repetirlo allá donde voy (soy cansina, lo sé): LOS FARMACÉUTICOS ESTAMOS EN PRIMERA LÍNEA.

Como en esas películas de la guerra de Vietnam donde sacaban un teléfono desde las barricadas. Somos los primeros en recibir las buenas y las malas noticias. Somos el lugar donde la gente acude sin cita cuando algo va bien… o mal.

dia mundial del farmaceutico

 

Y sin embargo, a pesar de ser los aliados en la salud, hay algo que falla. Yo lo llamo: efecto Leticia Sabater.

Si ustedes tienen Twitter lo sabrán y si no, yo se lo explico. Esta semana hemos sabido que el Circo Alaska (que ya sabemos que es el más prestigioso después del Circo Europa, Circo Europeo, Circo Mundial, Circo Universal y todos sus primos hermanos) estrena nuevo espectáculo en Sevilla con Leticia Sabater como reclamo.

Que Leticia Sabater sea la artista-reina-de-la-pista de un circo no es lo más sorprendente. No nos vamos a rasgar las vestiduras ahora. Fue mucho peor cuando contó el pasado verano que se había reconstruido el himen para volver a ser virgen.

La gracia está en que Leticia, a sus tiernos 49 años, va a protagonizar un numerito llamado “Fronze”. Han leído bien,  lo llaman “Fronze” por saltarse el copyright de la película de Disney Frozen, en el que Leti se embutirá en el vestido de Elsa. Aunque probablemente la llamen Alsa, como los autobuses, también por aquello de guardar las apariencias Disney. Por si no se hacen a la idea, que no les culpo, hagan el favor de pinchar en este enlace para ver el cartel de circo de Leticia Sabater. Les aseguro que no defrauda. Ni como mujer barbuda hubiera sido mejor.

ana rosa circo

Y ustedes dirán ¿qué tiene que ver Leticia Sabater y su espectáculo de Fronze con el Día Mundial del Farmacéutico?

Pues tiene mucho que ver.

A todos nos resulta ridículo que una mujer de casi 50 años, que nos amenizó las comidas allá por los noventa  gracias a  aquello de “A medio día, alegría” (y a sus atributos, para qué engañarnos), pretenda seguir alegrando la infancia de nuestros hijos haciendo ahora la caricatura de una princesa Disney. El entretenimiento trans-generacional está al alcance de muy pocos. Barrio Sésamo y otro par de ungidos por el divino.

ana rosa barrio sesamo

Pero lo que nos resulta más ridículo todavía es esa burda falsificación. Ese baile de letras de “Fronze” en lugar de “Frozen” que permita saltarse a la torera la legislación. Ese “ponerle unas gafas a Olaf” para que ya no parezca el muñeco de nieve de la película y no tener que pagar los derechos.

Como era de esperar, en Twitter ha supuesto la burla, el escarnio, la sangre.

Y yo me pregunto ¿acaso hay mucha diferencia entre la burda falsificicación de Fronze y las burdas falsificaciones a nivel de salud que nos encontramos hoy en día? ¿Acaso no es para llevarnos las manos a la cabeza cuando encontramos que cualquiera, insisto, cualquiera, es capaz de recomendar y asorar con remedios de chichaynabo impunemente?

Nos llevamos las manos a la cabeza y hacemos trending topic porque Leticia Sabater sube al escenario con un espectáculo falso. Pero permitimos que en el día a día miles de falsos consejeros de la salud se adueñen de nuestras decisiones. ¿Ejemplos?

– Los mercadillos medievales donde alegremente anuncian con un cartelito pegado a un palo que el ácido úrico se cura con unas poquitas hierbas de por aquí y otras poquitas de por allá.

– Los foros de internet donde se dan consejos basados en la experiencia de mi prima Tere, la que cumple hoy los años.

– Los anuncios de televisión o radio, donde se publicitan productos que tristemente no cumplen sus promesas.

– Las celebrities, como Victoria Beckham, que serían capaces de desayunar cualquier tipo alpiste o las reinas como Letizia que supuestamente desayunan tres huevos.

¿Por qué todos estos falsos consejeros de salud no nos provocan la misma sensación que el fake de Leticia Sabater?

La realidad es que al final la gente llenará el Circo Alaska, porque Leticia es un buen reclamo. Al igual que seguirán existiendo los productos milagro y los curanderos porque ellos mismos y sus circunstancias son un buen reclamo. Ahora bien: no quisiera estar en la piel del padre que lleva al niño al circo y cuya criatura le dice:

– Papá, esta señora premenopáusica no es Elsa y este muñeco con gafas de pasta no es Olaf. 

Al igual que no quisiera estar en la piel del hígado, el riñón o el corazón de aquellos que hoy se dejan llevar por los cantos de sirena y mañana pagarán las consecuencias.

Hoy, día 25 de septiembre, es el día del farmacéutico y un buen momento para recordar al ciudadano que los boticarios estamos a pie de calle, 24 horas al día, siempre dispuestos a ofrecer nuestro consejo profesional (y dicho sea de paso, gratuito), a todo aquel que nos lo pida. Os animo a hacer “uso” de esta oportunidad, confiar en los farmacéuticos, aliados de vuestra salud, y olvidarnos del efecto “Leticia Sabater”.

Porque Frozen no es lo mismo que Fronze. Y porque con la salud nunca se juega.

ar circo

 

 

 

7 Respuestas a los Comentarios

  • remorada25 Septiembre, 2015 a las 10:24

    feliz día, boti, tú te puedes cambiar las letras de garcía por gracia y aplicaría igualmente ^^

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  • Virtu25 Septiembre, 2015 a las 10:40

    Interesantísima reflexión Boticaria. Si nosotros mismos no defendemos nuestra profesión no esperemos que los demás lo hagan por nosotros.
    Un saludo
    Virtu

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  • Mi Álter Ego25 Septiembre, 2015 a las 11:49

    Jajajaja. No se me hubiera ocurrido establecer esa relación pero sí, toda la razón. Nos llevamos las manos a la cabeza por un plagio a Disney y no nos preocupa en absoluto que haya gente intentado colárnosla con temas de salud.
    Y estoy contigo en que el espectáculo ese de marca blanca va a ser un lleno absoluto. Creo que va a haber más adultos que niños pero una entrada es una entrada. Jajajaja. Besotes y feliz día, FUN FUN FUN!!!

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  • Ana Teresa Jódar Pereña25 Septiembre, 2015 a las 14:25

    No puedo estar más de acuerdo. No veas cómo me “chirrían” las neuronas en los mercadillos medievales con plantas consideradas medicamentos que se están vendiendo a granel, con indicación terapéutica en el cartelito y sin ningún tipo de trazabilidad
    Por no hablar de algunos programas de televisión,… Yo tuve un caso de una persona que dejó de tomar el suplemento de calcio y alendronato porque en un programa determinado que creo que todos tendremos en mente habían dicho que los higos tenían mucho calcio, y como ella comía muchos higos… (obviamente 2-3 al día y sólo en temporada)
    Por cierto, que yo también soy más de La Inmaculada, pero si hay que celebrar dos veces, no hay problema

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  • Godzi25 Septiembre, 2015 a las 15:29

    Pues no es por meter el dedo en el ojo, pero un problema mucho más grande es cuando es el propio consejero cualificado de salud que se supone que es el farmacéutico es el primero en recomendar (o simplemente vender) esos bálsamos de fierabras de dudosa eficacia. Todos sabemos que las farmacias con el cartel de “homeopatía” no son ni mucho menos casos aislado. ¿Qué efecto tiene sobre el prestigio de la profesión el que un farmacéutico que se supone que vela por mi salud me venda pastillitas de agua y azúcar? ¿No es el mismo caso que el de un mercadillo medieval con el agravante de que al menos en el mercadillo se que el que me atiende no es una persona formada? Que sí, que da su dinero y eso… pero en mi opinión hay que elegir si eres un asesor cualificado en temas de salud o un simple vendedor. Y en el momento que vendes homeopatía o pulseritas power balance, ya has elegido…

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    • Beatriz25 Septiembre, 2015 a las 18:20

      Yo opinaba como tu antes de que fuese precisamente la homeopatía la que me curase una dermatitis resistente en las manos que ni los mismos corticoides eliminaban. Poco a poco fui conociendo más casos de estos, y cuidado no estoy diciendo que la homeopatía sea la panacea universal pero si que no tenemos porque cerrarnos alternativas terapéuticas (que por cierto en otros países cubre la seguridad social).
      Ahí seguiremos al pie del cañón, gracias por tu articulo! Y buen día del farmacéutico a todos

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      • Godzi25 Septiembre, 2015 a las 21:59

        Ya, yo también conozco gente que asegura que los jabones del mercadillo medieval, los remedios de la abuela, la pulsera magnética, una oración, un sanador, un santero o una peregrinación a Lourdes le ha curado alguna enfermedad. La diferencia entre la homeopatía y todo esto que te he dicho con un medicamento que se vende en farmacias es que falla estrepitosamente en los estudios de doble ciego que se realizan y no puede aportar ninguna prueba real de su eficacia. A los medicamentos la ley les exige probar su efectividad para ser aprobados. La homeopatía sólo necesita probar su inocuidad. Por algo será….

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