Es oficial: mañana es uno de agosto y en Boticaria García no encontramos mejor modo de dar la bienvenida a las vacaciones que con un post sobre marisco y colesterol. Para cualquier españolito de bien que quiera santificar estas fiestas no hay mejor plan que pasar unos días en la playa. El objetivo, todos lo conocemos: pisar la arena, achicharrarse bajo el sol, y tomar unas gambitas en el chiringuito de toda la vida. O en La Sureña. Que las cosas están como están.
Marisco y colesterol: ¿mito o realidad?
Me temo que los rumores son ciertos. Realmente el marisco contiene colesterol en su composición, sin embargo, hoy traigo buenas noticias: ni todos los tipos de marisco presentan cantidades escandalosas de colesterol, ni tiene por qué ser especialmente peligroso su consumo ocasional, ya que el marisco también contiene ácidos grasos omega tres cardiosaludables.
Bob Esponja le ayuda a regular el nivel de colesterol
En 1990 decía Ramón Sánchez Ocaña en éste anuncio que todos recordaréis aquello de: «Flora le ayuda a regular el nivel de colesterol» (merece la pena pinchar en el enlace, 25 años después veréis que, a pesar de la eterna batalla de la publicidad y las alegaciones sanitarias, el mensaje que termina percibiendo el consumidor en la actualidad es similar).
Pues bien, como yo no soy Ramón Sánchez Ocaña, no os encomiendo a Flora, sino a Bob Esponja y afirmo sin rubor: «Bob Esponja le ayuda a regular el nivel de colesterol».
¿Por qué Bob Esponja? Porque su vida laboral nos puede ayudar a recordar de forma muy sencilla, en una regla mnemotécnica, cuáles son los mariscos más ricos en colesterol. Bob Esponja trabaja en una hamburguesería llamada «El Crustáceo Crujiente«, su compañero es Calamardo y su mascota Gary, es un bígaro o caracol de mar. Los crustáceos (gambas, langostinos, cangrejos), los cefalópodos (especialmente el calamar) y los moluscos (principalmente los bígaros) son los mariscos con mayor contenido en colesterol.
Es la Regla CCC de Bob Esponja: Crustáceo, Calamardo y Caracol. ¿Veis, padres y abuelos de poca fe, como los dibujos de Bob Esponja pueden llega a ser educativos?
¿Y si no vemos Bob Esponja? ¿Cuáles son los mariscos más ricos en colesterol?
Si no veis Bob Esponja, en primer lugar, mi enhorabuena (aunque la regla CCC tiene su punto). A continuación, vamos a desgranar para todos los públicos los distintos tipos de marisco en función de su distinta concentración de colesterol:
CRUSTÁCEOS:
Las gambas, los langostinos y las cigalas con 200 mg de colesterol por cada 100 g encabezan el podio. Les siguen el bogavante y la langosta con 150 mg. Medalla de bronce para cangrejos y nécoras con unos 100 mg.
Ahora bien, es importante tener en cuenta que la mayor parte del colesterol se encuentra en la cabeza de los mismos. No es igual tomar un ochentero cocktail de gambas con sus colitas perfectamente peladas o el tartar de gamba que mencionábamos en el post sobre los alimentos más ricos en calcio, que abrir en canal un bogavante y sorber hasta la última de las ideas que pudiera tener en vida el buen bicho.
Chupar las cabezas, esa costumbre tan española que confiere a sus practicantes cierta superioridad sobre el resto, y que les faculta para increparles con frases como «te dejas lo mejor», «no sabes comer» o incluso un escalofriante «trae para acá», no es algo tan sano y natural como podría parecer en principio. Los del «otro bando», aquellos a los que las cabezas de gambas les generan cierta aversión porque piensan que están llenas de porquería, en realidad no van tan desencaminados. En la cabeza de estos animales, además de colesterol, se acumula:
– Cadmio: es un metal pesado con muchas aplicaciones en la industria y en la agricultura que puede terminar contaminando las aguas del mar y acumulándose en las vísceras de estos mariscos.
– Aditivos: hay que ser muy naïf para pensar que el marisco que tomamos, al menos en el centro de la península, es realmente fresco. El marisco se deteriora rápidamente y para prolongar su «vida útil» se le añaden sulfitos desde la captura. Estos sulfitos a priori son seguros, pero se concentran en las cabezas del marisco (también del congelado), y forman parte de lo que para algunos es el exquisito «sorbete de gamba».
CEFALÓPODOS
El calamar, con 200 mg por cada 100 g tiene en sus carnes tanta concentración de colesterol como las gambas. Es el hipercolesterolémico silencioso, el sibilino, en el que nadie piensa a bote pronto y que, para rematar la faena, se suele comer generosamente untado en mayonesa. Además, por motivos económicos o incluso de palatabilidad, es más habitual comerse 1oo g de calamares que 1oo g de gambas.
Existen grandes diferencias entre el calamar y otros cefalópodos ilustres como la sepia, que presenta 100 mg de colesterol, y el pulpo, con apenas 50 mg.
Llegado este punto debo decir que desde que mi amiga Eva me presentó un grupo de música llamado Los Gandules, no puedo escuchar la palabra cefalópodo sin acordarme de esta canción: Calamar o Paloma (en este enlace mejor no hagáis click, vosotros no tenéis la culpa de los gustos musicales de Eva).
MOLUSCOS
El bígaro es uno de los moluscos más ricos en colesterol, con más de 100 mg por cada 100 g. El mejillón le sigue con 62 mg. Otros moluscos como la chirla, almeja o berberecho presentan 40 mg. El hermano rico, el percebe, únicamente 14 mg por 100 g.
Los moluscos presentan menor concentración de colesterol que los crustáceos o los cefalópodos. Además, se trata de piezas muy pequeñitas, generalmente de consumo esporádico, con las que es más complicado alcanzar niveles preocupantes de colesterol: tomar una lata de berberechos escurridos (65 g), supondría unos 26 mg de colesterol.
El hipercolesterolémico escondido y hallado en Cádiz
¿Y si os dijera a estas alturas que hay un alimento procedente del mar que duplica la concentración de colesterol de las gambas y los calamares? No, no es Bob Esponja. Con 500 mg de colesterol por cada 100 g, las huevas son las verdaderas reinas del colesterol marino. Tienen mayor cantidad incluso que los huevos «terrestres» (385 g).
El caviar, por motivos obvios, no es un alimento cuyo consumo en exceso preocupe a pesar de sus 500 mg de colesterol por cada 100 g. Sin embargo, las famosas huevas aliñás de aquel anuncio del cuponazo (en señal de respeto este enlace ya no lo pongo) son un plato muy típico del sur (Cádiz) y del que, normalmente, se desconoce su elevado contenido en colesterol.
La mala noticia: el marisco junto con alcohol empeora el colesterol
Ese vinito blanco, que es con lo que mejor entra la gamba de huelva, no es la mejor combinación con el marisco para nuestro hígado. El hígado se encarga de metabolizar el alcohol y el colesterol. Si ingerimos cantidades importantes de ambos, se produce una sobrecarga. En este caso el hígado se dedica a metabolizar el alcohol como buenamente puede, quedando perjudicada la metabolización del colesterol y puediendo aumentar así su concentración sanguínea.
La buena noticia: el marisco tiene grasas cardiosaludables
El marisco, junto con el pescado azul, es rico en ácidos grasos poliinsaturados omega tres, que tienen un efecto cardioprotector. Es decir, por un lado el marisco contiene colesterol, que es una «grasa mala», pero también contiene una «grasa buena» como los omega tres.
Por el contrario, otros alimentos que crían la fama junto con el marisco por su alta concentración en colesterol, como los lácteos enteros o la carne roja, en lugar de contener omega tres son ricos en grasas saturadas y pueden aumentar el riesgo cardiovascular. Es decir, frente a la misma cantidad de buey o bogavante, teniendo el buey menor cantidad de colesterol, puede ser más interesante consumir bogavante debido a que los omega tres que le acompañan son más cardiosaludables que las grasas saturadas del buey.
El consejo de la boticaria
Dado que la mayoría de los mortales no podemos permitirnos un aperitivo diario de cuarto y mitad de gamba de Huelva, no parece sensato culpar a una puntual mariscada de la hipercolesterolemia de nadie. Sin embargo, ojo con las personas mayores que viven solas. Por comodidad es frecuente que abusen de latas de conserva (mejillones, almejas…) que sí pueden contribuir diaria y silenciosamente a aumentar su nivel de colesterol.
Este verano cuando, como mandan los cánones, cervecita en mano, estemos echando un ojo a la carta en un chiringuito, recordad estos cinco consejos que pueden ayudarnos a elegir bien si tenemos el colesterol alto:
– Elegir sepia, o preferiblemente pulpo, antes que calamares.
– No chupar las cabezas de las gambas o los langostinos. No se acaba el mundo porque vayan a la basura o se las coma el gato.
– Elegir almejas o berberechos antes que mejillones o bígaros.
– Las huevas, si breves, dos veces buenas.
– Combinar el marisco con otros alimentos bajos en colesterol. Es decir, si finalmente pedimos una ración de calamares, procurar no acompañarla de otras raciones ricas en colesterol como paté, queso o embutidos.
Y hasta aquí las recomendaciones sobre marisco y colesterol. Os deseo muy felices vacaciones y, no os torturéis calculando calorías. Al fin y al cabo, Bob Esponja vive en Fondo de Bikini y las cangreburguer son para el verano.
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Que linda página!!!! Me gusta como escribes!
Tomo nota de tus consejos,
Como siempre brillante post.
Un abrazo, gracias por enseñar tantas cosas interesantes y útiles
Me ha encantado el post. Lo leo ahora, después del veranito, pero me sirve de mucho. Cuento una anécdota curiosa: ando buscando post por internet donde enterarme de los alimentos con más colesterol, pero no para evitarlo, sino todo lo contrario. Tengo una nena que padece una enfermedad de estas llamadas raras y si no toma cantidades ingentes de colesterol, se me puede morir. Y claro, como persona sana he estado toda la vida evitándolo, imaginad lo que es ahora tener que estudiar e investigar dónde encontrar colesterol. Conclusión: lo pernicioso para algunos es beneficioso para otros. 😉
Pues los Gallegos lo deben tener por las nubes.
Hola. Gracias por esta info tan útil. Sólo comentar que el percebe no es hermano de los moluscos, ni si quiera primo lejano, pues es un crustáceo. Vamos, un primo de las gambas o los centollos. Saludos.
Hola, Marian.
Sigo el programa ´¨No es un día cualquiera» con fervor y te escucho muchas veces, con tus sabios y documentados consejos e informaciones; también hago incursiones en este blog, como ves.
Yo también soy boticaria, pero sin botica -o sea, más que boticaria soy una simple licenciada en Farmacia, jeje-, me dedico a la enseñanza, por eso todo lo que tu comentas me interesa especialmente, no solo como usuaria particular, sino también como profesora.
Solo comentarte una cosilla relacionada con el interesantísimo artículo que has escrito sobre el colesterol y el marisco. Es una nadería que en nada modifica lo esencial del mensaje: los percebes, aunque no lo parezca, no son moluscos sino crustáceos, algo que, lógicamente, habrás olvidado porque no afecta en nada a tu profesión actual de farmacéutica y, además, de experta en nutrición . Sé que en el contexto del artículo, en el que lo realmente esencial es informar sobre temas que afectan a la salud, esto que comento es algo insignificante y que, incluso, puede parecer una pedantería por mi parte, pero de verdad que no es esa mi intención. Simplemente, pretende ser una aportación a un pequeñísimo lapsus con poca trascendencia en lo que me parece un magnífico y bien documentado artículo. Hubiese preferido enviar este comentario de forma privada, pero no he visto la manera de hacerlo.
Yo no sabía, por ejemplo, del elevado contenido en colesterol de los bígaros; sí el de las cabezas de gambas y otros crustáceos similares o el de los calamares -algo que me sorprendió muchísimo el día que lo supe, la verdad-.
Un abrazo y todo mi ánimo para que sigas luchando por separar la paja e, incluso, la cizaña del trigo en tanta información que pulula por las redes y otros lugares sobre todo lo relacionado con la salud.
Una entusiasta escuchante de Efectos pervesos y lectora de tu blog