¡CONCURSO! El Paciente Impaciente

Mañana se cumple una semana desde que se lanzó El Paciente Impaciente. Cuando nacieron mis dos hijos tuve una especie de euforia posparto y con este tercero, aunque sea en forma de libro, he vuelto a las andadas. Eso sí, esta vez cambiando los pañales por entrevistas en la radio, que tiene mucho más glamour.

Lo primero que quiero hacer es aclarar un tema que a todos parece preocuparos mucho: lo del árbol. Sí, ya sabéis, aquello de tener un hijo, escribir un libro y plantar un árbol. Ilusa de mí, pensaba que al publicar un libro la gente me preguntaría por el libro. Ni hablar. Resulta que a la gente lo que más le preocupa es si he plantado ya el puñetero árbol.

No me quedó más remedio que llamar a mi madre y pedirle que buscara entre los álbumes oficiales de la familia el documento gráfico que atestigua que en 1992 cumplí con el tercer punto de tareas vitales (al parecer más importante de la lista). Cumplí yo y cumplimos todos los niños del colégio de mi pueblo. El colegio organizó una plantación masiva de pinos en las faldas del castillo y allí que nos fuimos todos, con nuestra azada y botella de agua por barba (o más bien por imberbe). Los pinos supongo que fueron cortesía de la Junta de Comunidades de Castilla la Mancha.

pinos paciente impaciente

Ahí me tienen, en perfecto ángulo de posición excavadora. No me falta un perejil del atuendo noventero. Mis pantalones vaqueros remangados, mi camisa de flores dos tallas más grande, mi pomposo coletero fucsia fosforito y, por si las moscas, también una diadema. Jamás he vuelto a tener mis pelos también sujetos como en aquella época.

Le debo la foto a mi vecino José el Sacristán, que además de sacristán era corresponsal de El Día de Cuenca. Como tenía enchufe por ser mi vecino, me hizo a mí las fotos y salí en el periódico y todo. Lástima que el caos de mis recuerdos de infancia sea aún mayor que mi síndrome de diógenes y, por mucho que se ha afanado mi madre, no hayan aparecido los recortes por casa.

Aclarado el tema del pino, que me consta que a algunos os quitaba el sueño. Paso a relataros la penúltima anécdota a la que me he tenido que enfrentar a propósito del libro. Pensaba yo que en las farmacias sucedían cosas, pero resulta que en Correos y Telégrafos también.

 

El libro al que le sobraban dos páginas

A El Paciente Impaciente le sobran dos páginas pero ni con veinticinco correcciones más nos hubiéramos dado cuenta. La semana pasada fui una mañana a correos con la intención de enviar algunos libros. Compré mis sobres verde, puse obedientemente las direcciones en la mesita dispuesta para tal fin con el boli sujeto por una cuerda, y volví al mostrador.

La señora de correos, que me había observado atentamente introducir los libros en el sobre, soltó un bufido cuando puso los sobres en la balanza: ¡No puede ser! ¡Esto sí que es mala suerte!

Asustada, pensando qué podría haber sucedido con mis queridos libros, le pregunté:

– ¿Qué ocurre?

– ¡Es una fatalidad! Mira, el sobre pesa 503 gramos y tengo que cobrarte cuatro euros con cincuenta céntimos. Si pesase 500 gramos te cobraría sólo dos euros con tres céntimos ¡ES QUE SON DOS EUROS Y MEDIO DE DIFERENCIA POR TRES GRAMOS!

– Vaya… pues, bueno, una pena pero ¿qué se le va a hacer?

– Pues hombre niña, yo creo que algo puedes hacer, me parece una barbaridad que vayas a pagar dos euros con cincuenta más por tres gramos. Yo creo que podrías arrancarle un par de páginas de esas que vienen en blanco y ya está.

Supongo que se me debieron salir un poco los ojos de las órbitas cuando escuché las intenciones mutiladoras de aquella mujer para con mi criatura.

– ¿Arrancarle un par de páginas?

– Sí mujer, si el autor no se va a enterar y piensa en todo el dinero que te vas a ahorrar. Ya te digo que en los libros suelen venir páginas en blanco. Espera que ahora te traigo un cúter y lo apañamos.

Os prometo que me costó convencerla de que realmente prefería malgastar todo ese dinero y mantener los libros de una pieza. Me miró con desprecio, como si yo fuera una despilfarradora. Yo sólo pensaba en que si me hubiera enrollado un poco menos con la historia de Jerónima esa situación jamás se hubiera propiciado. Y que con personal como ella no me extrañaría que Correos se hundiese el día menos pensado. Cuando salía por la puerta la señora seguía dándome ideas…

– ¡Bueno, pues para la próxima piénsatelo! ¡Puedes hacer otra cosa! Puedes recortar el filo de los sobres un poquito, o les quitas alguna burbuja. Lo vas calculando con la báscula de la cocina y luego me lo traes…

 

 

 

EL CONCURSO

Miradlos, qué bonitos y qué propios…

paciente impaciente concurso

Como algunos sabéis, hace un par de años ya sorteé a mi hijo mayor en forma de Gremlin así que raro sería ahora que no pusiera a disposición de los lectores algún ejemplar del tercer hijo. Como también sabéis, me espantan los sorteos así que lo haremos en forma de concurso. Un concurso de anécdotas, para que todo el mundo pueda contar sus más inconfesables experiencias en una farmacia. También son válidas las experiencias que hayan tenido lugar en la intimidad del hogar y que estén relacionadas con la salud o los medicamentos. Confusiones, nombres indescifrables, lo que le pasó a la abuela, a la tía o a la vecina con aquel supositorio… Y por supuesto, ¡las anécdotas de estudiantes en prácticas de la Facultad! ¡todo es bienvenido!

Aquí en la rebotica, entre Aspirinas y Gelocatiles,  os aguardan TRES ejemplares dispuestos a ser repartidos:

CATEGORÍA ESTRELLA: Premio a la que indiscutiblemente sea la mejor anécdota de todas entre todas las recibidas. Por petición popular, en esta categoría podéis participar también todos los sanitarios: médicos, enfermeros, dietistas…

CATEGORÍA FARMACÉUTICO: Para la mejor anécdota contada por un FARMACÉUTICO (o estudiante).

CATEGORÍA PACIENTE: Para la mejor anécdota contada por un PACIENTE.

 

El jurado no podía ser otro mejor que los miembros de la rebotica y protagonistas del libro, ya sabéis: Estrellita, Milagros y Toni el estudiante en prácticas. Podéis participar hasta el lunes 2 de marzo a las 00:00 h.

¡SUERTE Y A VER SI SACAMOS MATERIAL PARA LA SEGUNDA PARTE!

 

 

 

 

 

 

 

 

72 Respuestas a los Comentarios

  • Pepe23 febrero, 2015 a las 10:44

    Buffff!!!!
    Yo creo que debería haber un accesit, que podrían ser esas dos páginas sobrantes de cada uno de los libros, para la mejor anécdota contada por un médico, no????

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    • boticariagarcia23 febrero, 2015 a las 22:11

      ¡Hecho! En la “categoría estrella” puede participar cualquier sanitario así que ¡dale caña Pepe!

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  • Blanca23 febrero, 2015 a las 10:58

    La mía es malísima…pero aunque aquí realmente no sea lo importante participar, me hace ilusión…E
    l fin de semana, camelando a mi marido, tirándole la indirecta super directa de un nuevo libro simpatiquísimo que me podía regalar sobre anécdotas…se acordaba él de cuando yo, con mi gran barriga, fui a la farmacia a comprar una crema antiestrías… No recordaba el nombre (típico) pero sí el color y la forma del recipiente… Tras dar mil vueltas, ya le dije…”Es en formato “BUTO”, como el de la pasta de dientes pero más gordo y ancho” “BUTO? BUTO?” No te entiendo chica…” (Y al final ,además del tubo, me dio unas pastillas para la dislexia… 😉

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  • Mamá en Bulgaria23 febrero, 2015 a las 11:14

    Mmm un libro de premio, qué tentador! Esta es mi anécdota:
    Yo una vez entré en una farmacia búlgara para preguntar por las copas menstruales (cuando aún no tenía las mías) y al hablar de cómo se ponen, me dice la chica “Ah pasa pasa, que aquí atrás hay un lavabo y te enseño” y dio un paso hacia la trastienda. Cuando se dio la vuelta sólo debió ver la puerta de la farmacia cerrandose, mientras yo corría calle arriba.

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  • BlogdeMadre23 febrero, 2015 a las 11:15

    Ahí voy. A arriesgarme al escarnio público.
    Recién nacida Lamayor a servidora le dio la idea loca de intentar recobrar la figura en tiempo récord. Podía haber hecho deporte, sí, pero no, así que esperando un milagro me adentré en una farmacia de la Gran Vía y pedí una faja Vulkan, de ésas que son tipo pantalón y te dejan estupenda mientras planchas. La farmaceutica me preguntó la talla y sin querer le dije “La 38”, como si me hubiera quedado un año atrás y hubiera parido otra persona que no era yo.
    Lejos de comprender mi lapsus, la farmaceutica se descojonó. Pero no fue una risita disimulada y escondida, ni se escondió tras el mostrador, se descojonó en mi cara, como cuando intentas aguantar una carcajada y la contención de aire termina por hacerte lanzar un ligero escupitajo…
    Salí de aquella farmacia de Gran Vía humillada, escupida y con un porrón de muestras de rosa mosqueta. Quiero pensar que fue su forma de disculparse, pero aún a día de hoy siento ligero placer al imaginarme que con el tiempo la farmacéutica sonrisas se ha quedado calva.

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  • sarablancos23 febrero, 2015 a las 11:15

    Esto no me lo pierdo, aun que bien es sabido por el mundo blogueril que no gano nunca un concurso, incluso me presente a ver si me tocaba tu hijo, pero claro andando la desmadres por medio, ni modo, a ver si en esta ocasión ya que el inicio de mi vida profesional vino de mano de la sanidad ahí van unas cuantas:

    Por aquellos entonces yo trabaja como auxiliar de clínica en una consulta ginecológica y he de decir que algunas mujeres y “chichi” son grandes desconocidos, el tema medicamento aquí no tiene parangón, he oido de todo como lo de comerse los famosos óvulos de progesterona en lugar de “ponerlos dentro”, dejarse el aplicador de los óvulos de ginecanesten con el ovulo dentro porque pensaban que había que dejarlo y venir a quejarse a la consulta porque “esto es una tortura srta.” coño lo que no se es como eres capaz de andar, llevar un año tomándose la píldora sin descanso y claro “es que no me baja la regla y estoy preocupada no vaya a ser que esté embarazada (claaaro y esperas un año a venir), una de las cosas que más me alucinaba eran las llamadas por teléfono por ejemplo una de las que más recuerdo y con las que más nos reímos fue esta:

    “Hola srta. mire mi médico me mandó unas pastillas que sirven para no se que de la menopausia, pero estoy aquí en la farmacia y la farmacéutica fíjese que no tiene ni idea de lo que es…ya…¿y que dr. se las ha mandado?…el dr. Sánchez…bien, mire creo que se ha equivocado, ese dr. no trabaja aquí…que pasa que está usted tonta también…no se lo discuto sra., pero el dr. Sánchez no trabaja aquí, esto es la clínica chipun…(silencio)…y no puede usted buscar al dr. Sánchez y preguntarle…Sra. como la he dicho el dr. Sánchez no trabaja aquí…pero no tienen ustedes un listado de los médicos para buscarle…pues no sra. no tenemos un listado con todos los médicos de España, además con ese apellido podría ser prácticamente imposible encontrarle, sabe de que clínica es?…pues de esa, donde he llamado…no sra. ya la he indicado que aquí no trabaja ningún dr. Sánchez, no puedo ayudarla….y no puede usted saber que pastillas me tengo que tomar, sirven para algo de la menopausia…pues no sra., yo no soy adivina…(cabreada) y entonces como puedo yo saber cuales son las malditas pastillas…quizás, igual podría usted llamar a la clínica del dr. Sánchez y preguntar…pero si ya he llamado y me dice usted que ahí no trabaja…ya es que aquí no trabaja ningún dr. Sánchez sra…y como puedo saber yo donde trabaja…no sabe usted la dirección o el nombre de la clínica o igual la dieron una receta…pues no porque me llevó mi marido, además solo me dieron este papel que llevo en el bolso…ya y….(la oigo hablar de fondo)….(silencio)…(oigo hablar a la pobre boticaria)…mira que dice esta srta. que esto es la receta…pipipipipi. Y colgó después de media hora de discusión.

    En fin, que alguna más de medicamentos tengo pero prefiero contártelas tomándonos un algo por ahí.

    Besotes:
    Sara

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  • GuilleMelgar23 febrero, 2015 a las 11:39

    El paciente desconfiado.
    Voy a incluir esta anécdota de prácticas, no por lo extraordinario, sino por lo contrario: por lo típica que resultará para los alumnos y los recuerdos que traerá a los de las batas menos blancas:

    -Buenos días, ¿Qué quiere?
    -Uy, ¡Pero si tú eres muy joven! ¡Encima aún estás de prácticas! ¡Yo quiero que me atienda la farmacéutica!
    -Buenos días, soy la titular, ¿Qué quiere?
    -Una caja de juanolas.

    Y hasta aquí mi primer capítulo del informe de prácticas, “Señoras que han muerto de sobredosis inducida de juanolas” lo he llamado. En octubre estrenan la película.

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  • Mi Álter Ego23 febrero, 2015 a las 12:12

    Qué desalmados, queriendo que mutilaras a tu propia criatura… Me ha encantado lo de “El autor no se va a enterar”. Jajajaja. ¿No le dio por ver que el remitente y “el autor” eran la misma persona?.

    A bote pronto, no recuerdo ninguna anécdota, pero seguro que tengo alguna. Hago memoria y te cuento. Un besote!!!!

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  • La Madre Tigre23 febrero, 2015 a las 12:19

    Como me llegue el libro sin dos páginas no respondo. Te aviso.

    Anécdota poca te puedo contar porque yo soy un tipo de paciente muy denostado, el vergonzoso. Las batas blancas me imponen, qué le vamos a hacer. Yo soy de las que pide las medicinas muy bajito, disculpándome por adelantado por las molestias que mis hemorroides pudieran causarle y sale disparada con la bolsa escondida bajo la sobaquina sin esperar siquiera las vueltas.

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  • Ainara Mendia Ibarra23 febrero, 2015 a las 12:26

    Hola a tod@s:Yo soy farmacéutica y ahí van mis anécdotas más memorables…(todas reales y verdadera
    -Buenos días
    -Buenos días
    -Unas pastillas que llaman…”streepers”¿?
    -mmmm…Strepsils?
    -Ah sí,esas

    -Buenos días
    -Buenos días
    -Algo para limpiar el “piscis”¿?
    -El piercing?
    -Sí bueno,como se llame

    -Hola,buenas tardes
    -Buenas tardes(ésta etoy segurísima de que es un clásico)
    -Unas pastillicas rojas chiquiticas que suelo tomar por la mañana
    -(…)
    Y después de sacarle 20 posibles pastillas rojas,ves como se va el señor pensando(ésta no tiene ni puta idea)
    …en fin…

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  • Marta23 febrero, 2015 a las 12:38

    Jajajaja, qué idea tan buena!!!!
    A ver… Tras visita al gine de control, me dijeron que comprar unas minipildoras.
    En la farmacia me dijeron que había de un mes, o de tres meses. (no recuerdo si había también de 6 meses). Por precio, me recomendaron que cogiese las de 3 meses.
    Y eso hice.
    A los dos días, tenía otra revisión con el gine, el que llevaba mi endometriosis, y me dijo que eran preferibles otras pastillas. Así que fui a la farmacia a ver si me las cambiaban. Nanay de la China. No estaban abiertas, la farmaceútica es de las de toda la vida, que conoce a tooooooda la familia de mi marido, pero me dijo que no hacían cambios. Que podía usarlas después de la caja de las nuevas píldoras que había comprado. Le dije que imposible, porque entonces, estarían caducadas… “Ah, se siente, no haberlas comprado”.

    Ni que decir tiene, que la caja sigue estando en el estante de la cocina, donde las dejé después de esta disputa. Y que ya están caducadas… A la espera de llevarlas al punto sigre. Y 16 euros menos en mi cuenta.

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  • Vanesa23 febrero, 2015 a las 13:33

    De historias de botica no nos quedamos cortos en la farmacia.

    Empezamos por el señor que volvió indignado un día en busca de su farmacéutico de confianza (mi compañero) diciendo:

    -Me ha querido ahogar!! Llamarle que salga!

    Asustadas, le preguntamos que qué le había pasado y nos contesta:

    -Pues las pastillas que me dio, que eran muy gordas, me las eche a la boca y creía que me iba a ahogar. pero lo peor no fue eso, lo peor fue cuando me empezó a subir espuma por la boca.

    -Pero, Nicolás, ¿cuáles pastillas eran?

    -Efferalgan o algo así.

    Descojone máximo.

    Decir que me encanta tu blog!!

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  • Lauraenparis23 febrero, 2015 a las 13:50

    Participo aunque el libro ya lo he comprado y me quedan solo unas páginas para terminarlo. Vaya por delante que me ha encantado y que te dedico las muchas risas y risotadas que me echado tan a gusto y para el desconcierto de los parisinos que me miraban con una mezcla de curiosidad y miedo.

    Mi boticaria actual est una FarmaLoba o FarmaPécora, dicese de la mujer de unos 50 años que tiene una pasión desenfrenada por tu marido (que es una mezcla de Padredelosrecados y PadreconHijos por aquello de la corresponsabilidad), no escatima en lisonjas hacia tu marido, delante de él, de tus hijos, de todos los parroquianos del pueblo y de ti misma .Tú la escuchas estupefacta porque sí tu marido es un ser excepcional (no por nada te casaste con él) pero de ahí a que se un Santovarón hay un trecho.

    Relato real de los hechos, Botica llena de gente.

    -Buenos días señora
    +Buenos días, vengo a por esto para la Pelirouge y..
    -Ayer ví a su esposo y ay, qué guapo y responsable es, cómo cuida de sus hijos (que son también los suyos, palabrita), qué suerte tiene usted! Pocos hombres son así, tan responsables. Digo yo que siendo joven ya lo habrá pasado bien y ahora esta tan formal!
    + (momento de horror, de duda de no saber qué decir) Sí, sí
    -Oiga y ahora le veo los miércoles con ellos, TODO EL DIA (en su mirada había un enorme reproche hacia mi, la PEORMADREYESPOSADELBARRIO
    -Sí es que no trabaja los miércoles, tiene reducción
    +Ahhhh, eso es todavia más meritorio, oiga y a usted no le da reparo que eso le perjudique en SU trabajo
    -(cara de póquer y cabreo supino) Bueno, como al 95% de las madres que hacen lo mismo, no?

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  • Pilar Barral23 febrero, 2015 a las 14:08

    Os lo vais a pasar genial con todos los comentarios que vais a recibir, buena tarea tenéis por delante jiji.

    En cuanto a anécdotas, ésta me pasó hace unos años: la señora Luisa (que en paz descanse la pobre mía) me vino diciendo que le había salido una cosa muy rara en el pecho. Le dije que me lo mostrara (pensando que estaría situado en una zona prudente que pudiera ser vista). Cuando la veo que se remanga el vestido, se quita el refajo y se saca la susodicha teta delante mía (después de haber tenido varios hijos y de que doña Luisa estuviera más bien regordita, os podéis imaginar el tamaño de aquello). Y menos mal que la señora era más bien bajita porque sino es capaz de plantarla encima del mostrador. Por suerte, la erupción de la que se quejaba no era más que el producto del sudor y la humedad en una zona más bien poco ventilada. Un poco de polvos de talco y canestén en crema solucionaron el problema.Eso sí, yo me quedé a cuadros, y los de alrededor también. ¡Qué poco pudor tenía Doña Luisa!

    Anécdotas a parte, otra de las tareas que más me ha tocado hacer, al ser una farmacia de barrio humilde, es leer las cartas a muchas personas mayores que por desgracia no han podido obtener una educación en condiciones. Pero sólo el cariño con el que te agradecen ese gesto, hace que merezca la pena.

    Como anécdota bastante negativa y que no se la deseo a nadie, fue un atraco que tuve hace unos seis años. Por suerte se quedó en un gran susto, pero la experiencia fue horrible. Sé que no he sido la única y que este tipo de situaciones está a la orden del día. Una verdadera pena.

    Lo dicho, mucha suerte con los comentarios y guárdalos como oro en paño para hacer la segunda parte de “El paciente impaciente” 😉

    Un beso muy fuerte!!

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  • Marialu23 febrero, 2015 a las 14:28

    Ahí va mi anécdota de paciente impaciente:

    Hace unos años fui a la farmacia, a saber para qué… Cualquier cosa, supongo(pongamos que a por aspirinas) y estaba llena a rebosar, así que me tocó esperar pacientemente mi turno. Atestada como estaba, apareció un “caballero” que a voces le preguntó a la farmacéutica, sin esperar su turno: ¿NO TIENES OTRA COSA PARA LAS LADILLAS, ES QUE LO QUE ME DISTE NO FUNCIONA?.
    Ni que decir tiene que le dejamos colarse, irse y seguimos esperando turno…

    Lo que tenéis que aguantar

    Un abrazo,

    Marialu

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  • Alex Robles23 febrero, 2015 a las 14:34

    Pues esta anécdota te incluye un poco a ti Boti.

    Estaba yo pasando una crisis nerviosa por los exámenes de la universidad, se me acumulaban los trabajos y hojas de apuntes sin leer. Entre hoja y hoja y horas frente a la pantalla del ordenador me empiezo a arrascar, no una ni dos, sino una infinitud de veces. Con este percal me voy al médico para que me diga que es lo que narices tengo, me diagnostica una dishidrosis por estrés y me dice que ya se me pasará. Este pimpollo recién licenciado estaba sustituyendo a mi médica de cabecera y no quería recetarme nada, que me tranquilizara ¡y yo con Fichte, Selling y demás prusianos filósofos sin estudiar!

    El caso es que tras un par de DMs contigo, Bot, (este privilegio me lo gané en la época del Grem y por las conversaciones multimención) me voy a la farmacia y me dan un antiestamínico para pasar los picores.

    Vuelvo otra vez a los exámenes y me vuelve a pasar lo mismo solo que esta vez con la médico de cabecera ¿Es que ellos no se acuerdan lo que era estudiar? Me tranquilizo y me voy a la farmacia y les explico lo que me pasa y que la otra vez me había llevado un atiestamínico. El señor boticario me pregunta que como supe la otra vez que me tenía que llevar eso si no me lo había dicho el médico y él tampoco. Saco el móvil, me meto en Twitter y le empiezo a contar bondades sobre ti, nos pasamos así unos quince minutos mientras una señora se pesaba, se tomaba la tensión y todo lo que podía hacer con las máquinas. Al rato, dice la señora que si vamos a dejar de ligar y que si la atienden. El boticario pone cara de circunstancias ante la señora toda digna y la atiende. Yo me vuelvo a mi casa y cuando me quiero dar cuenta ¡LAS PASTILLAS! por un rato la conversación se nos pasó sin que a mi me picara nada, o por lo menos sin que yo me diera cuenta de ello. Vuelvo otra vez a la farmacia y me dice el farmacéutico “¿Otra vez aquí muchacho?” y le explicó que me fui sin la medicación por culpa de la señora meteprisas, al final el buen boticario me regala la caja de antiestamínicos, me da unas esencias de homeopatica para que me relaje y me de desea suerte.

    Responder
  • Gemma/El Sur (@Gemma_311)23 febrero, 2015 a las 14:40

    Ay qué bueno!!
    Y no, no voy a participar para ganarme el libro que ya está encargado en Madrid y le he pedido a mi madre que se lo lea primero, por que ella también era de detrás del mostrador pero en una mercería y anécdotas tiene mil, pero te voy a recordar que estas vacaciones, paseando por la isla de Rab aquí en Croacia, me encontré con una farmacia del S-XIV y le hice foto y te la mandé, recuerdas?. Me hizo ilusión y todo, te hubiese encantado cómo era por dentro, sus suelos, la piedra, la isla, todo.
    Por cierto, la farmacia más antigua de Europa, está también en Croacia, en Dubrovnik. Si vuelvo, haré foto.

    Responder
    • Superlalopez24 febrero, 2015 a las 00:31

      Querida Gema,
      La farmacia de Dubrovnik es muy antigua, pero según las últimas investigaciones en la materia no es la más antigua de Europa. Es un tema polémico y aunque no te lo creas crea controversia en algunos foros (en Forocoches y EnFemenino no). Aún así, te recomiendo la visita, merece la pena la visita y las fotos.
      Superlalopez alias Frikibote

      Responder
      • Gemma/El Sur (@Gemma_311)24 febrero, 2015 a las 11:53

        Querida Superlalópez,
        Si los croatas dicen que es la farmacia más antigua de Europa, tu vas y asientes con la cabeza por que no te recomiendo llevarle la contraria a gente que tiene un obús de la última guerra como paragüero. Y que tuvieron cinco guerras en un siglo, como para llevarles la contraria.
        Y ya estuve, sí, por que a marido no se le ocurrió otra cosa que ir en barco a Dubrovnik y me mareé toda, toda, toda, me tomé pastillas antimareo como si fuese Melanie Griffith y acabé visitando la farmacia y la enfermería.
        Inolvidable.

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        • Superlalopez24 febrero, 2015 a las 16:03

          Querida Boti,
          Dije que no iba a participar, y esta ya es mi segunda intervención con anécdota, pero sino la cuento mi Estrellita y mi Milagros han jurado tirarme las tijeras roñosas.
          Es una historia rara que me pasó el año que empecé como “boticaria de pueblo” siguiendo la estirpe gloriosa familiar.
          Llegó una paciente habitual a la farmacia de unos 80 años, viuda desde hacía varios, polimedicada y anticoagulada desde ni se sabe, y me dice:
          Niña ( para las personas de más de 50 ese es mi nombre y no el que va en la bata) que vengo, mira tu que a mis años me da vergüenza pero, necesito enseñaros una cosa, porque mirar mirar como traigo las piernas, que parezco un chucho de esos negros y blancos y desde que mi hombre se murió, que Dios lo tenga en su gloria yo no había tenido estos negrales. Ni cuando empecé a tomar el “citron” ni nada.
          A ver, a ver, efectivamente, esta usted llena de hematomas, pero solo de cintura para abajo. Y ¿cuantos años dice que lleva usted tomando Sintron? ¿6? Y¿nunca le había salido antes? ¿Quién es su médico? Espere un segundo que le llamamos a ver como están los niveles.
          Ni corta ni perezosa llamo al medico de cabecera de la señora y le cuento el estraño caso de las manchas dálmatas de mi paciente a lo que el medico me contesta: ” dile que tire el sillón de masajes a la p… m…”
          En resumen, la señora había ido a un viaje de la tercera edad de esos que venden cosas, le habían vendido un sillón relax que al abrirlo y cerrarlo la llenaba de moratones y al estar anticoagulada era mas llamativo. El Doctor local había estado una semana entera intentando saber que misteriosa enfermedad tenían todos sus pacientes con sintron que habían ido a la excursión. Y al final descubrió el denominador común: el sillón relax.

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  • Alicia23 febrero, 2015 a las 14:55

    Yo soy auxiliar y aquí va la última que me pasó:
    – Buenos días Alicia, dame le jarabe Yenifer para mi niño.

    – Ehh, Yenifer?….

    – Sí, el que me llevo yo para la fiebre.

    – Junifen?

    – Sí, ese.

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  • Irene MoRe23 febrero, 2015 a las 15:17

    Pues la cosa está difícil, pero bueno, lo intentaremos, al menos puede servir como aporte a la segunda entrega.
    La primera es del estilo a la que cuentas de correo. Tengo una regla muy abundante y dolorosa, desde bien pequeña, así que en cuanto cumplí 18 años el ginecólogo me recetó anticonceptivos. Cuando los pedí en la farmacia la señora que me atendió me dijo “uy, con lo joven que eres. Eso mejor te vas a un herbolario y que te den unas perlas de onagra” O_O

    La segunda me pasó hace poco. Coincidimos varias madres pesando a nuestros bebés en esto que llega un padre pidiendo un sacaleches. La boticario le sacó dos. Todas las madres nos miramos pero no decíamos nada. El chico preguntó cuál era mejor y la farmacéutica le explicó las características de cada uno, sin mojarse mucho, así que el padre se decidió por el más barato. Yo no pude más y le dije “te recomiendo el otro, es más caro, pero merece la pena”. Fue decir eso y abrir la veda. Entre las 4 madres que estábamos le expusimos todas las maravillas del citado sacaleches. Se gastó más dinero pero se fue convencidísimo de su elección; ))

    Responder
  • mariavcq23 febrero, 2015 a las 15:46

    Un buen día estando como alumna de prácticas en la farmacia entró un chico joven y vino hasta el mostrador y se lo ocurrió preguntarme:
    – Buenos días, ¿Qué condón crees que me quedará mejor?
    – ¿Qué?- pregunté yo pensando que había escuchado mal.
    – Eso qué que condón crees que me quedará mejor.
    Me lo preguntó como si fuera un tipo de pantalón o una camisa que hay que probarse para ver cual te sienta mejor y con cual estás más guapo/a. A mí no se me ocurrió otra contestación que limitarme a decirle los tipos de condones que teníamos en la farmacia para que fuera él quién decidiera cual llevarse, porque desde luego en la farmacia no teníamos probador jajajajaja

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  • Maribelita8623 febrero, 2015 a las 15:50

    Hola!!

    La anécdota que vengo a contar es cuanto menos escatológica, por lo tanto, estómagos sensibles, dejen de leer aquí.

    El protagonista de la historia es el señor Rafael.
    Este señor se presentó una fría mañana de domingo en la farmacia, pillándome con más pena que gloria, por haberme tocado la guardia. De repente, en medio de todo el alboroto de la farmacia, Rafael se quito su sombrero y adelantó puestos hasta llegar al mostrador, diciendole a todos que era una urgencia. Podéis haceros una idea de la olla a presión en la que se convirtió la pequeña farmacia. Mientras unos farfullaban y otros directamente gritaban, Rafael, tranquilamente se metió la mano en uno de sus bolsillos del pantalón, sacó una bola que en sus mejores tiempo fue un clinex, y acercándomela casi al cristalino, me preguntó: oye niña, ¿tu crees que esto rojo es sangre o son restos de las ciruelas que me cené anoche? Y sí, habeis pensabo bien, lo que contenía el pañuelo no era otra cosa que su flamante deposición mañanera.
    En la farmacia se hizo un silencio sepulcral y todos la fueron abandonando poco a poco, no sin antes mirar a las esquinas por si había cámaras de la tele…
    Rafael también se fue, contento por no tener heces sanguinolientas, depositándome como ofrenda el clinex en la papelera de la farmacia.
    Y ahí estaba yo, mirando a la papelera, pensando si meterle fuego o cerrar por depresión.

    Y no, esto no es un fake, ojalá.

    Responder
  • abel23 febrero, 2015 a las 16:33

    La potagonista de mi historia es una mujer de edad digamos adulta que viene a la farmàcia y me pide alcohol para la maria. Asi que se lo doy y le pregunto si quiere el tiquet, a lo que ella me ppregunta que para que lo quiere, yo le respondo:
    – para darselo a maria
    Ella me dice:
    – el alcohol es pa la maria, la droga!
    Imaginaros mi cara, no pude contener la risa Jaja

    Responder
  • Planeando ser padres23 febrero, 2015 a las 17:00

    Al ir a recoger los pañales para la incontinencia urinaria de mi abuela, el farmacéutico una vez me preguntó:
    -“¿Son para ti?” (yo no tenía entonces ni 30 años).
    Al responderle que obviamente no, me dijo:
    – “Te lo digo porque las bragas que traen dentro para sujetar los pañales son de talla única y a lo mejor no te sirven”. Joder, tengo el culo gordo, pero aquello era una malla elástica que se estiraba hasta el infinito y más allá. ¡Qué pena de vida y de cuerpo!

    Responder
  • Oihana A.23 febrero, 2015 a las 17:01

    Bueno bueno…. Van un par de anécdotas que son las que más recuerdo.
    1. Un señor ya mayor, sabía que a primera hora de la tarde solía estar sola en la farmacia. Por lo que tarde tras tarde siempre venía a por algo y siempre haciendo comentarios un poco subidos de tono y con segundas intenciones. Yo intentaba siempre cambiar de tema y no entrar en el juego para ir zanjando el asunto. Hasta que una tarde, mientras cortaba precintos de las boticas que se iba a llevar, alarga la mano y me soba (por no decir estrujar) una de mis tetas!!! Recuerdo que le pegué en la mano, le dije que ni se le ocurriese volver a hacerlo y que a partir de entonces no le pensaba atender de nuevo.
    2. Me vino un chico joven, de unos 20 años a por algo para los piojos. Le pregunté si quería con o sin insecticida y se llevó con insecticida (una loción, no recuerdo cual). Al rato me viene una madre toda histérica diciendo que cómo se me había ocurrido darle aquello, que le había irritado la piel y que lo tenía casi en carne viva y que me iba a hacer responsable. Yo alucinaba, le pregunté si tenía de antes el cuero cabelludo irritado o con heridas. La mujer me mira con careto raro y me dice que qué cuero cabelludo!, que tenía su hijo los “huevos y su cosita” en carne viva porque tenía piojos ahí abajo

    Responder
  • susitravel23 febrero, 2015 a las 17:01

    Hola Boti, aquí te dejo una

    Me ocurrió a mi hace algún tiempo y ya sabes que yo no puedo aguantar con cara de pocker mucho rato, así que imagina.

    Hombre de unos 65-70 años viene y busca con la mirada al auxi chico que está ocupado. Viendo que no va a poder atenderle lo hago yo. Me pide preservativos y entonces entiendo porqué buscaba a un hombre, dado que su mujer y el son pacientes de toda la vida. Hasta ahí todo normal.

    Como no quería incomodarle le atendí lo más rápido posible, pero cuando me paga veo que se queda esperando. Me comenta que es que le tienen que hacer una prueba de esperma y tiene que llevar una muestra. Sigo esperando más explicación. Me pregunta que como se hace eso. Me quedo blanca. Le digo, como buenamente puedo, que lo suyo es un bote de muestra de esperma y que debe de “quererse en la intimidad” y dejar ahí su regalito. Me dice que el “no se toca” desde que era joven y que no “se acuerda de como va eso”. Que “no se le pone como toca” que solo se levanta con su mujer. Ah´-i respiro tranquila pq no sabía lo que podia pedirme. Le digo que entonces le “ayude” su mujer y dice que imposible, Que había pensado hacerlo son su mujer y luego llevar el preservativo al especialista. No digo más, pero lo único que se es que al final se llevó el preservativo y el bote y exprimió como un calipo el preservativo y lo volcó en el bote.
    Hasta aquí mi anécdota levanta estómagos de hoy

    Responder
  • benderapotheker23 febrero, 2015 a las 18:30

    Hola García!
    Ahí va unas cuantas…

    -Hola.
    -Hola.
    -Me puede dar unas pastillas para el dolor de ‘estógamo’.

    Una señora un fin de semana entró en la farmacia y a mitad de camino se sacó un pecho y nos dijo a mi compañera y a mi si teníamos algo para las grietas del pezón. Menos mal que era domingo y en ese momento no estaba nadie más en la botica.

    Un compañero cuando terminó de dispensar unas recetas de mutualista y con sus precintos pegados (eran por lo menos ocho recetas), las rompió creyendo que eran las copias,…se hizo un silencio largo y las recogió de la papelera, la cara del paciente era un poema. Luego no pudimos parar de reir.

    Más de uno me ha dicho en la botica que traía una ‘fórmula mágica’ (en lugar de Fórmula Magistral)que le había prescrito su médico para que se la hiciésemos en el laboratorio.

    Y así estaría un buen rato…

    Un saludo Boticaria.

    Responder
  • Desmadreando23 febrero, 2015 a las 19:09

    Esto de los concursos y de revelar intimidades es lo mío y como no llega el libro ¡voy a participar! ¡que quiero esas dos hojas sobrantes como haga falta! 😛

    Pues resulta que parí a mi segundo hijo lejos de mi lugar de residencia para ser más exactos en Madrid. Resulta que una amiga muy apañada que de hecho es de su sector- es decir boticaria- pero no tan famosa oiga me visitó al paritorio para hacerme un gran regalo y un gran favor: crema hemorroidal, bragas desechables pero muy cuqui porque eran como de media no de esas de papel tremendas y unos pañales de anciano. Mi cara de estupefacción ante el “mejor” regalo recibido se quedó corta pero oiga “la que sabe sabe” esa crema para el anillo de Saurón me ayudó la de Dios, las bragas-media casi me hacen tener el tercer hijo por lo sesi pero lo de los pañales fue toda una odisea. Resulta que para lavarse bien la episiotomía no hay nada como agua y jabón de toda la vida pero claro uno no está por la labor de agacharse que se marea con mucha facilidad o de enjuagarse bien a bien (es lo que tiene la gravedad) por lo que el consejo era poner los pañales de abuelo (por abuelo me refiero a adulto) recostarse en una cama y tirarse una jarrilla de agua con agua templada para no espantar al personal y listo uno quedaba “refrescada”.
    Yo como soy muy obediente le hice caso pero claro no me aclaró la jarrilla de agua cuantos litros tenía que tener y mi querido marido me echó el garrafón de agua (debió de espantarle tanta sangre) y claro ¡todo salió para afuera! es decir CAMA INUNDADA.

    Se podrá usted imaginar al llamar para que me vinieran a cambiar las sábanas del apartahotel que pensar que ahí había habido un asesinato a sangre fría.

    Sin más….

    Hay consejos de “boticaria” de toda la vida que hay que anotar en receta que ¡si no pasa lo que pasa!

    Cualquier parecido con la realidad recuerde que la realidad siempre supera a la ficción….

    Eso si siempre la agradeceré que llevó un kit de regalos para mi hija mayor y hoy por hoy toda la familia se cepilla con el cepillo de dientes de Pocoyo.

    Un besote desmadroso

    Responder
  • Teresa23 febrero, 2015 a las 20:09

    Ahí van unas cuantas anecdotas a ver si tengo suerte;):

    El KOIPESOL en aspirina:
    Estando en prácticas en la farmacia entró una mujer y me dice que le dé “una de KOIPESOL”. Acostumbrada a que los pacientes vayan pensando que en la farmacia hay de todo no me sorprendí y le dije que allí no vendíamos ese aceite. La mujer me contesta de malos modales “¡¡¡que si niña, que son unas aspirinas!!”. Como no sabía que me quería decir le pregunte a mi compañera que ya la conocía y lo que quería era CLOPIXOL!!!

    Consoladores por receta:
    Dos encantadoras viejecitas entran en la farmacia y me dicen que han oído hablar a unas mujeres del banco de al lado donde se suelen sentar que venden en la farmacia “turbadores” o algo así, que eran muy buenos para la gente así viuda y sola…que decían que se “turbaban” con eso y que quedaban muy bien luego, que qué era eso y que si entraba por receta. !!Que jodías las viejitas pues no estaría mal que entraran por receta los consoladores!!! jijiji

    Pique lo que te pique pasate un Scotch-Brite:
    Entra un paciente y solicita que le de “Scotch-Brite”,a lo que yo le pregunto ¿un Scotch-Brite? (Para ver si me aclaraba un poco mas que quería porque no tenía pinta de querer un estropajo…) y me contesta: si…es que me ha picado un bicho y así me lo paso por el grano… finalmente descubrí que era el afterbite lo que estaba pidiendo. Aunque la verdad no me hubiera sorprendido que usara el estropajo para rascarse…jajaja

    Para que gastar en palillos habiendo cuters en la farmacia:
    Entra un señor a la farmacia y muy amablemente nos pide si le podemos dejar un cuter, se lo dejamos y para nuestra sorpresa que se quita la dentadura postiza, coge el cuter ,saca un trozo de carne que había entre los dientes y nos lo devuelve con carne y todo. Le dijimos que si quería llevárselo para que para otra vez no fuera por eso pero dijo que no hacía falta que si volvía a necesitar ya sabía dónde estábamos. No pillo nuestra indirecta… tendremos que tener provisión de palillos por si acaso para otra vez.

    Sacas de harina para endulzar el cafetillo:
    Un señor siempre que iba a la farmacia me pedía “sacas de harina”…el hombre lo que quería eran sacarinas… casi lo mismo…

    PD: enhorabuena por la idea del libro y el blog, siempre está bien tomarse la vida con humor, echarse unas risillas y compartir anecdotas.

    Responder
  • una superviviente23 febrero, 2015 a las 20:27

    Os voy a contar la anécdota del día en que mande a mi marido a la farmacia a por algo para acabar con el picor vaginal que tenía y volvio con Rosalgin. Yo, que acostumbro a tomar los medicamentos en sobres pensé que era igual…disolver en agua y tragárselo… Cuando lo tomé me supo a rayos, pero bueno, los sobres no es que se caractericen por su buen sabor ninguno… Me lo tomé un par de veces más pero al ver que pasaban los días y ver que eso seguía igual, me baje a la farmacia a ver si tenían otra cosa que me hiciera más. Ahí fue cuando la boticaria amablemente me explicó para donde iban esos polvos…y fue lavarme con eso y mano de santo.

    Responder
  • Aspirina23 febrero, 2015 a las 20:37

    Domingo 12:30 de la noche de una agotadora guardia que había comenzado el Lunes anterior. Un matrimonio de mediana edad, correctamente vestido llama a la puerta. El marido da las buenas noches y pregunta: tienen un mucolítico para un bebe?, de qué edad? Contesto- como veo que duda le digo que a los bebés debe reconocerlos el médico para descartar patologías más graves. En ese momento la mujer se vuelve al marido y le dice:
    ¡Manolo di la verdad, es para un loro!……todavía me pregunto como sabían que el loro tenía mocos.

    Responder
  • Julia23 febrero, 2015 a las 21:01

    Bueno, anécdotas en el trabajo mil, pero una a la que tengo especial cariño me ocurrió durante mis primeros meses de trabajo, en la Urpa. Llegó un señor recién operado y el anestesista me advirtió: ” le he puesto un poquito de ketamina, vigilale”. Al rato me acerco al señor para preguntarle como se encuentra y me suelta:- señorita, me han puesto ustedes alguna medicación que pueda hacerme alucinar? Porque eso de ahí no puede ser una serpiente, no?. Efectivamente, se trataba del espumillón de adorno que pusimos por navidad. Lo que me dejó loca fue la tranquilidad del señor! Que vivan las drogas!

    Responder
  • susitravel23 febrero, 2015 a las 21:01

    Hola de nuevo mi lady,

    Llega madre de adolescente llorando.
    Al cabo de un rato, entre hipidos logro que me diga que sospecha que su hija se droga,que por favor le digamos que si trae “una prueba” lo podemos analizar. Se deben de pensar que tenemos a CSI Las Vegas en el laboratorio cuando no hacemos que sulfatos de cobre.
    Al grano, llega mas tarde con un recipiente de cristal tapado con papel de aluminio y “algo” no identificado dentro.
    Llamo al colegio de farmacéuticos y pregunto si puedo lleva a analizar un algo que parece vegetal. Me dicen que si.
    La farmacia es rural y estamos a 30kms de Madrid, así que me dan unas horas para que me acerque.
    El dia que fui a por los resultados te aseguro que me gané mis 15 pagas cuando medio colegio salió a ver quien había llevado unos rabos de berenjenas de Almagro chuperreteados…

    Responder
  • susitravel23 febrero, 2015 a las 21:20

    La última, esta de un conocido al otro lado del mostrador. Jamás revelaré su identidad.
    Hombre q ya peina canas al que la mujer manda a la farmacia a por preservativos.
    Llega y los pide peeeeero iba sin la notita reglamentaria. Entonces cuando le preguntan cuantos quiere, duda. Jamás se ha encargado el de esas cosas, así que dice un numero al azar, 30 cajas normales.
    Imagina al farma detrás del mostrador, sacando cajas de doce a puñaos.
    Y si, se gastó unos 20 o 30mil pesetas en condones
    Épico!!!

    Responder
  • Anna Pitarch23 febrero, 2015 a las 22:31

    Aquí una anécdota que me pasó en la farmacia…

    Entra una chica de unos 30 años en la farmacia. Estábamos yo y mi compañera, las dos adjuntas jóvenes, recién licenciadas.
    La paciente nos explica que tenía un terrible dolor de muelas y que le han recetado Nolotil ampollas para aliviar su dolor (por cierto aprovecho para añadir que este uso es habitual pero no está autorizado en la ficha técnica del medicamento).
    Mi compañera corta el cupón del medicamento, envuelve la caja, le cobra lo que le toca por llevar una receta verde. Nada fuera de lo normal. La paciente se va con las indicaciones aprendidas que le ha dado la adjunta.
    Pasan 5 minutos y vemos que vuelve la paciente. Estaba blanca, asustada. ¿Qué le habrá pasado?
    Saca el medicamento que justo se acababa de dispensar y grita:
    “AQUÍ PONE QUE ES POR VÍA INTRAVENENOSA, YO NO QUIERO NADA QUE SEA POR VÍA INTRAVENENOSA”

    (Nota: en el packaging del medicamento se especifica que Nolotil ampollas se puede administrar por intramuscular o INTRAVENOSA)

    Responder
  • susitravel23 febrero, 2015 a las 23:14

    Guardia de sábado.3 de la mañana.

    Abro la ventanilla y alguien con una sonrisa perenne me pide una crema endonasal para heridas. No pregunto (son las 3 y no estoy para andar “cruzando” nada) y empieza con una risilla a decirme q las costritas con por cocaína. (Como si no se le notase)
    Le acerco una y le cuento que lleva un cicatrizante y un corticoide.
    Y va y me dice:
    -Uuuuuyy que mal suena eso!! Los corticoides no son peligrosos??

    Habló el de la cocaína…

    Responder
  • Pablo F Piñar23 febrero, 2015 a las 23:18

    Un cliente mayor entra en mi farmacia y me pide “los tubos de salir fuera”. Lo primero en lo que pensé fue en dediles para los pies. Luego resultó que lo que quería era Duphalac sobres

    Responder
    • boticariagarcia6 marzo, 2015 a las 14:54

      A mí también me pedían “sobres para salir fuera”. Y es que antes en los pueblos no había baños en las casas y la gente salía “al corral” a hacer sus necesidades. De ahí la costumbre de decir “voy a salir fuera”. Me hace gracia que nos pasara a los dos…

      Responder
  • Farmacarlos23 febrero, 2015 a las 23:26

    Hola a todos, mi mejor anécdota tiene solo una pega: lo increíble que puede resultar.
    En mi farmacia entraron una tarde a pedirme “una bolsa de esas con cremallera para meter a un muerto”!!!!
    Muertos nos quedamos nosotros con la pregunta de marras (aunque hace muchos años, siempre me río cuando lo cuento)
    Un saludo, y enhorabuena.

    Responder
  • Lola24 febrero, 2015 a las 00:48

    Yo, estudiante de farmacia que iba a clases de ingles con una amiga económica,
    Teniamos examen de inglés en la escuela
    Oficial de idiomas! A ultima
    Hora de la tarde el examen!
    A media tarde lia lo con ella por teléfono fy le digo que x favor me traiga un rovi que estoy fatal atascada total!
    Me recoje 3 horas después para ir en coche al examen y me da un rotulador eddinge!
    Que es esto???? Le digo!

    -el edding que me has dicho!

    -te he dicho rovi! Para mi estreñimiento!!!!
    Atacá llegue al examen de risa y atascá seguí hasta que fui a la farmacia dd alli seguro que me
    Entendían!!!!
    Jaja!

    Pensaré alguna cosa q me
    Haya pasado en farmacia !
    Asi de
    Primeras: dame una gobanillera
    !!! De las buenas !
    Sabes lo que es verdad???? Me pregunto la clienta a modo esta tiene una cara de
    Tontisma!!!!!! Que veo me voy sin mi gobanillera!

    Responder
    • boticariagarcia6 marzo, 2015 a las 14:56

      ¡Eso le pasó a mi madre recién terminada la farmacia! Lo pongo en el libro…
      – ¿Una gobanillera… para dónde? (dijo por sacar alguna pista)
      – ¿Pero tiene usted estudios? ¡Para dónde va a ser! ¡Para la gobanilla!

      Responder
  • Superlalopez24 febrero, 2015 a las 00:57

    Querida Boti,
    No me he podido resistir a escribir una. Quiero que sepas que no es mía sino de una compañera que empezó de adjunta en una farmacia del centro de Madrid en plena efervescencia de los anillos vibradores Durex (comentario no patrocinado).
    Entró un paciente cuarentón, habitual de la farmacia, y se llevó un anillo vibrador con la excusa de “probarlo”. Al día siguiente vuelve con el envoltorio abierto y el anillo (presumiblemente usado) dentro y le dice a mi amiga: — Señorita, verá usted, me pregunto yo si este aparatito que me llevé ayer ( y le muestra el artefacto) es reutilizable.
    A lo que mi amiga le contesta:
    Claro que si caballero, mientras le dure el mecanismo puede usarlo con garantía.
    Y el señor le pregunta:
    Pero, pero, ¿independientemente de que no sea con la misma?
    La cara de póker de mi amiga fue todo un poema, no estaba hecha para el mostrador y ahora es feliz en un laboratorio.

    Responder
  • Angeles24 febrero, 2015 a las 00:59

    Hace años venia a la farmacia una paciente que no quería que el médico le recetase supositorios porque según decia el brazo no le daba para llegar a ponérselos.
    Actualmente tenemos una paciente que nos pide” Ferrakan” por Efferalgan, “Zambique” por Zaldiar y “la cinta métrica” para referirse al Bio 3 Control de peso, que la lleva dibujada en el envase. Desde luego no nos aburrimos nada!

    Responder
  • Ecbernal24 febrero, 2015 a las 03:27

    Bueno pues ahí va:
    Hará ya unos dos años, estando de unas 36 semanas de embarazo del segundo churumbel, me recetó el ginecólogo un óvulo por una pequeña infección. Como estaba como una mesa camilla de oronda, mi señor esposo fue a la farmacia con el papelito donde el Gine había prescrito la cosa en cuestión. El farmacéutico (auxiliar, becario o lo que fuera) apareció con la cajita y le preguntó a mi santo: disculpe….sabe usted como se pone?. Mi santo respondió: si si muchas gracias. El de la farmacia insistió: emmm….esta usted seguro? Lleva aplicador. Mi marido dijo si gracias.
    Y el de la farmacia, mirándole extrañado le dijo: esta usted seguro? Mire que se pone vía vaginal y yo no se si usted tiene de eso….. Mi marido con cara de “donde esta la cámara oculta?” Le dijo: yo no pero mi mujer si y es que es para ella, que está esperando en el coche, esta embarazada y no puede moverse mucho pero…le digo que venga??

    Responder
  • María P24 febrero, 2015 a las 08:35

    Yo no tengo anécdota pero se lo he pasado a mis amiguitos farmacéuticos para que participen.
    Me he reido mucho con la foto del árbol, de verdad la gente solo te preguntaba por ello?? jajaja

    Llevo poquito siguiendo tu blog y me gusta mucho.

    Gracias!

    Responder
  • Teresa24 febrero, 2015 a las 13:03

    Yo soy farmacéutica, y a mi una vez mi compañera estaba atendiendo a una señora de edad avanzada que dudaba entre los diferentes tamaños de compresas para incontinencia y no se acordaba exactamente de cual era el que utilizaba ella.
    Mi compañera le sacó el muestrario con los tamaños reales y aún así la señora dudaba entre dos…
    Señora: si es que la llevo ahora puesta, pero no te sé decir si es esta o esta otra.. Si quieres te la enseño!
    Farmacéutica: no, no, mire a ver si cree que es este tamaño o esté otro (tampoco hay tanta diferencia…)
    Pero en un descuido, zas!! Abre las piernas, se baja la braga y después de examinarla dice: “esta sí, era esta, ves que fácil así” .
    Una chica que entraba a la farmacia en ese mismo momento se fue corriendo al mostrador más alejado claro…

    Responder
  • VICTORIA JIMÉNEZ24 febrero, 2015 a las 13:20

    Muy buenas.Una de mis anécdotas ocurrió un día en que estaba yo sola en la farmacia con un paciente que traía unas 20 recetas.Como la ley de Murphy está ahí para cumplirse,en ese momento entraron unas cinco personas a la vez,entre ellos un muchacho y su mascota.
    Mientras atendía al paciente polimedicado,observaba el nerviosismo del chico y cómo hacía gestos para que no se colara a la rebotica lo que yo creía que era un cachorro de perro (no lo veía,pues me lo tapaba el mostrador).Hasta que de pronto, me llegó un olorcillo un tanto inquietante y es que el animalillo en cuestión se había hecho caquita.En ese momento lo vi…¡era el corderito de Norit!!!
    Ante esto,el chico pensó que la mejor defensa era un buen ataque y aunque yo no dije ni mu,simplemente miraba atónita,comenzó a echarme en cara que estaba tardando mucho en atenderle y claro,el pobrecito no se había podido aguantar.Eso sí,podía estar tranquila porque sólo tomaba leche…
    Os podéis imaginar el aroma a granja que quedó toda la tarde en la farmacia.Por más que limpié con lejía,dejé la puerta abierta y gasté un bote de ambientador,el perfume corderil persistía (o tal vez era mi pituitaria en estado de shock)
    Saludos y gracias por el libro,¡me lo estoy pasando bomba con él!

    Responder
  • madre estresada24 febrero, 2015 a las 17:44

    Como quiero regalarle un libro a mi primo, médico del summa, te dejo la que me contó hace un par de dias.
    Llamada al 112 un lunes:
    Mire usted, doctor, que vengo del ambulatorio porque esta mañana me he tomado la tensión y tenía 25 de alta y 19 de mínima.
    Pero le ha visto su médico?
    Si, claro.
    Y qué le ha dicho?
    Que vuelva el jueves.
    A mi, desde que me han mandado las pastillas de cara de luna llena….

    Responder
  • unfonendoenvillamocos24 febrero, 2015 a las 20:01

    No podía, faltaría más, dejar yo de comentar aquí; porque si de anécdotas se trata… Ahí va la primera. Debo contextualizar, porque si no, no tiene gracia: existe una situación potencialmente grave para el bebé que está naciendo, que es la “aspiración de meconio”. El meconio, como sabrá todo el mundo, es la primera caca que un recién nacido hace (vienen con ella en la tripa habiéndola “formado” durante el embarazo). A veces la sueltan dentro del vientre materno justo antes de nacer, y eso puede ser peligroso porque si la “respiran” puede hacer daño al pulmón. Eso se llama “síndrome de aspiración de meconio”. Bueno, al lío: madre de etnia gitana a la que el pediatra de su bebé de meses le pregunta, de forma rutinaria, si el parto fue normal o hubo alguna complicación. En esto, la madre baja la voz, mira de reojo por si alguien la escucha, y de forma misteriosa susurra: “sí… ya sabe usted… a éste le pasó eso que les pasa a algunos recién nacidos…”. Y el pediatra: “¿El qué, concretamente?”,… y la madre, más misteriosa y discreta aún, le contesta por lo bajini: “pues eso… que ASPIRÓ DE MI COÑO”. :-)))))))))
    Y otra… (digo yo que si aporto varias igual tengo más posibilidades de ganar)… tratando un bebé con una artritis séptica, o sea, bacteriana. Tras recibir el resultado del cultivo, en la revisión en consulta, le explicamos que efectivamente el culpable de la infección ha sido una bacteria que se llama estafilococo. Y la madre pregunta, circunspecta: “pero… un estafilococo macho, o hembra? porque me han dicho que las hembras son peores siempre…”. Fin de mi aportación!!! ay qué nervios qué nervios qué nerviosssssss!!!!! enhorabuena por la iniciativa!!!

    Responder
  • Beatriz24 febrero, 2015 a las 20:32

    Buenas tardes.

    Una anécdota que presencié cuando era pequeña… risas aseguradas.

    Mi madre se fue hacer unos análisis, su mente no dejaba de pensar que tenía alguna cosa y ella no prestaba atención a nada.

    Llegó a casa, mi padre se puso a leer los resultados y dijo:¡Tienes espermatozoides en la orina! La respuesta de mi madre no pudo ser otra, exclamó: ¡No ves como yo sabía que tenía algo!

    Todos: risas

    Responder
  • Beatriz24 febrero, 2015 a las 20:33

    Buenas tardes.

    Una anécdota que presencié cuando era pequeña… risas aseguradas.

    Mi madre se fue hacer unos análisis, su mente no dejaba de pensar que tenía alguna cosa y ella no prestaba atención a nada.

    Llegó a casa, mi padre se puso a leer los resultados y dijo:¡Tienes espermatozoides en la orina! La respuesta de mi madre no pudo ser otra, exclamó: ¡No ves como yo sabía que tenía algo!

    Todos: risas

    Responder
  • Lucía25 febrero, 2015 a las 17:27

    Hola!Te cuento alguna que recuerdo, sé que había muchas más pero se van olvidando…
    Un día vino una vecina toda emocionada a la farmacia a decirme que había leído un reportaje sobre problemas oculares en el periódico y que ya sabía lo que le pasaba a ella: Tenía o “juntivitis” o “alergia al poleo”

    Otra vez una señora entró toda triste a contarme todos sus problemas de salud….avaricias,osporosis..y hernia fiscal. (ya le dije que esa última la teníamos unos cuantos…)

    La última que recuerdo ahora…una señora que vino a pedir “ceregumil sin yeltsin” (ginseng) …tranquila, que ese señor no cabe en la caja.

    Un saludo

    Responder
  • Liviadrusa26 febrero, 2015 a las 10:52

    A ver si tengo suerte y mi historia te llega como farmacéutica, y me recibo tu libro (con todas las páginas incluso las blancas) Ahí va mi anecdota como paciente:
    Estando yo en Marrackech, y habiéndome agarrado una gripe durante la ascensión al Toubkal, me planté en una farmacia y con voz nasal y sonándome le dije muy digna al farmacéutico:
    – Hello, I’m constipated. I may you give me something like this – mostrandro un sobre de bisolgrip
    La cara del farmacéutico fue un poema y rápidamente caí en mi error y le dije:
    – Sorry, sorry… I HAVE FLU!!!
    La cosa quedó clara y me dio el mejor antigripal que he probado (no recuerdo el nombre pero era francés) y yo quedé de color rojo pimiento por culpa del false friend.
    Espero que os haya gustado!

    Responder
  • INES D G26 febrero, 2015 a las 13:06

    Ayer vino una clienta y me dijo:
    -“Ay, Inesiña, qué disgusto llevé el sábado por la noche…!”
    -“¿Qué pasó?”
    -“Me tomé la medicación de la diabetes dos veces por la noche…Un disgusto!”
    -“¿Y qué hiciste?”.
    -“Llamé a urgencias y me hicieron ir de noche a mirar el azúcar al centro que hay de guardia. Llamé a mi hija a las doce y media de la noche y fuimos…”
    -“¿y?”
    -“Tenía 120. Pero como podía empezar a bajar, me mandaron comer algo al llegar a casa…¡qué disgusto!”. Llegué a casa a la una y media, con ganas de llorar…Y me puse un plato de cocido que sobró del mediodía…Como me mandaron comer algo…Y había filloas y comí también…Es que me mandaron comer algo…¡Tenía un disgusto!…Y había un filete panado del mediodía…Y lo metí entre pan y me fui para cama con el bocadillo…¡Con un disgusto! Y…¿Sabes qué pasó?”
    -Dime.
    -Que abrí la cama y…Estaban las pastillas allí, sin tomar!
    (Me tuve que reír….)

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  • INES D G26 febrero, 2015 a las 13:41

    (Me acaba de suceder ahora mismo…)
    -Tengo la esquina de la uña del dedo gordo del pie infectada…
    -La crema que llevó la semana pasada, que le dio el médico le sirve, póngala tres veces al día y si no soluciona en unos días, al médico de nuevo.
    -Enséñale a la chica, enséñale a la chica…
    Y me enseñó. Quitó la bota y el calcetín, y con una agilidad como si fuera contorsionista, me puso el pie en el mostrador….

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    • srta francis26 febrero, 2015 a las 14:42

      Hola!
      En primer lugar, enhorabuena por tu blog.
      Mi farmacia es candidata a un concurso de este tipo.Tenemos una clientela muy muy creativa: me han pedido Dario por Adiro, panceta por Pantecta, metamorfina por metformina, argumentine por augmentine, codillera para pedir una codera……
      Pero la palma se la llevan los genéricos, también solicitados como “genéticos”, “trasgénicos”, “coléricos”….
      Y de ellos va la anecdota para el concurso:
      Un señor me presenta una receta de Omeprazol, y cuando le saco el OMEPRAZOL RATIO (para los no iniciados Ratio es el laboratorio), me dice “No este no, que este componente (y señala ratio con el dedo) me sienta mal!yo creo que soy alérgico!”
      Y para rematar la faena me suelta ” El otro dia me lleve el OMEPRAZOL PIENSA, y ese si que va bien”
      Se refería al del laboratorio PENSA….
      Muy creativos, si señora.
      Y todo rigurosamente cierto, doy fe.
      Saludos

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  • remorada26 febrero, 2015 a las 15:22

    buf, boti, ya sabes que aquí tenemos anécdotas mil, pero una que me viene a la cabeza es la del Sr. Torres preguntándome cómo era que tomaba un comprimido con “efecto peculiar”… pelicular, hombre, pelicular! como si necesitáramos ser aún más peculiares! u_uU

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  • susitravel26 febrero, 2015 a las 16:49

    Escuchando tu entrevista en “Herrera en la Onda” me he acordado de otra referente al color de las cajas. Como dirían Guille y Nacho (@farmaenfurecida y @farmavalverde) hay veces que conviene sacar el “Pantone” al mostrador.

    Un día de guardia me viene un señor a por su Eutirox (si, las pastillas de los “asteroides”)

    Le pregunto por la dosis, ya que como sabrá toda boticaria hay de 25, 50, 75, 88, 100, 125… y se diferencian únicamente por la franja de color.

    El señor, todo orgulloso de darme la pista de su vida me espetó:
    “La raya es del color del manto del Cristo yacente de mi pueblo!”

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  • Ana Bayo27 febrero, 2015 a las 17:20

    Mi anécdota es surrealista. Hace unos años me llego una chica con un parte de urgencias.a la farmacia. Ella me explicaba que le dolía la cabeza por la cola de caballo que se había puesto. Entre en la rebotiica pensando que como de fuerte se habría hecho la coleta para tener que acudir a urgencias con dolor de cabeza. Mi sorpresa fue cuando seguí leyendo el informe para hacer la dispensación y la doctora prescribía antiinflamatorio, corticoides tópicos , …. Y casi me muero cuando llega otra compañera de la farmacia y me dice que la chica le acaba de enseñar una cola de caballo real que traía en una bolsa y era la causante de sus males.Tardamos unos minutos reponiéndonos del shock , en la rebotiica, pensando como se le había ocurrido usar una cola de pelo de caballo , como implante. Salimos y terminamos la dispensación

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  • Vicky Junquera28 febrero, 2015 a las 15:58

    Hola!
    Ante todo mucha suerte con tu libro.
    Al poco tiempo de terminar la carrera, estaba sustituyendo a una amiga recien parida en una aldea. Vino un cliente habitual y me pidió algo para su vaca, que tenía diarrea. Siguió hablando y me dijo que la culpa era suya (por mi imaginación calenturienta pasaron mil imágenes) porque la vaca tenía tos y le había dado un café con leche y una copa de aguardiente, que era lo que el tomaba cuando estaba malo. No fui capaz de aguantar la risa.

    Otra vez vino una señora con un tubo (sin caja) de Capsicin y me dijo al mismo tiempo que se señalaba con la mano: “Chavala, ¿esta crema es para echar ahí abajo?” Menos mal que vino a preguntar a la farmacia y no la usó como lubricante.

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  • Mar1 marzo, 2015 a las 09:53

    Participo como estudiante de Farmacia contando una conversación que escuché en el tranvía un día de camino a la Facultad (Nota aclaratoria: vivo en Murcia, donde el acento de sus gentes es, digámoslo así, MUY peculiar):
    “Chica A – Tía, tengo unoh mocarroh que no sé qué hacé con elloh…
    Chica B – Pos ponte Utabón.
    Chica A – Acha, ¿quéee? ¿¡Que me ponga UN TAPÓN!? Pero, ¿eso me lo puedo poner con loh anticonceptivos?
    ¡La cara que puse al escucharlas tuvo que ser memorable!

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  • Iria (@_iraizoz)1 marzo, 2015 a las 20:50

    Casi no llego, pero más vale tarde que nunca, y en vista de que no sé cuando volveré por España, participar en este concurso es una necesidad porque quiero tu libro sí o sí, y si además es con dedicatoria, mucho mejor. Así que aquí va mi pequeña anécdota: tendría yo unos 7 años y quería estrenar el super robot de cocina que se había comprado mi madre (efectivamente, una thermomix). Iba a hacer un bizcocho de chocolate para el que necesitaba cacao, y como en casa no tenía mi madre me mandó a la tienda del barrio. Yo toda emocionada le cuento a la señora que quiero cacao a lo que me responde que ella cacao no tiene, que el cacao se compra en la farmacia. Así que allá me voy a la farmacia. Le digo a la farmacéutica que quería comprar cacao para hacer un bizcocho y que la de la tienda me ha mandado allí porque ella no tenía. La farmacéutica un poco sorprendida me dice que ella el único cacao que tiene es la barra de cacao para los labios y que no está muy segura de que se pueda usar para cocinar, pero bueno, yo quería mi cacao, aquello era cacao y ya luego que mi madre viese como se usaba. Evidentemente al final ni cacao, ni bizcocho ni nada, pero bueno, lo que se rió mi madre de mi por mi estupidez y por el cabreo que me cogí con la de la tienda y con la farmacéutica!

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  • Javier Z1 marzo, 2015 a las 21:31

    En mi primer dia de trabajo como Farmaceutico tenia una mezcla de nervios y felicidad. Yo, un chico de ciudad, trabajando en una farmacia de pueblo. Empecé la mañana y se iban marchando los nervios poco a poco y iba cogiendo esa confianza necesaria para estar en el otro lado del mostrador. Pero la novatada estaba por llegar, escucho el sonido de los cascos de un caballo, se detiene delante de la puerta de la farmacia, unicamente se ve el cuerpo del caballo y las piernas del jinete, quien sin bajarse del caballo me pide a voces medio litro de agua oxigenada y que le lleve cambio para 5€, cogi la botella de agua oxigenada, la puse en una bolsa, cogi el cambio y me acerque a la puerta para darle al jinete su compra. Mi cara de asombro me duró todo el dia , pensé que había empezado a ejercer en Wild wild West

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  • Blanca1 marzo, 2015 a las 21:32

    Participo como farmacéutica, allá va mi anécdota:
    Estando en la farmacia apareció una señora de avanzada edad, de esas que estan muy arregladas , yo estaba hablando con otra clienta de lo importante que era el ejercicio fisicio y la señora arreglada irrumpió en la conversación rapidamente y nos comento que iba al gimnasio y que tenia mucha elasticidad, cuando nos dimos cuenta tenia la pierna subida encima del mostrador para demostrar la elasticidad y al subirla se le escapó una ventosidad que sonó hasta en la rebotica,
    Lo mejor que la señora se hizo la loca como si nada pero los demas aun nos estamos riendo,jajajaja.

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  • johanna arco2 marzo, 2015 a las 00:05

    La mía no sé muy bien si puede entrar en alguna categoría..pero yo la cuento porque me parece buenisíma
    Una vecina que decía venía de la farmacia
    -Pues si,he ido a la farmacia,a coger las pastillas fluorecescentes(efervescentes),para el lince(esguince)que se hizo…pobre hombre y después que le pusieron la próstata(protesis)va y se hace un lince(esguince).
    Vaya tela,eh?

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  • Macarena2 marzo, 2015 a las 18:00

    Vale, sé que el concurso ya ha acabado y que mi anécdota no es precisamente graciosa (vamos, a mí no me hizo ni pizca de gracia), pero aprovechando la ocasión, tenía que dejar constancia de esto en algún sitio.

    Voy a comprar las vitaminas prenatales con mi barriga de 30 semanas a la farmacia de la esquina y al pedírselas a la farmacéutica me suelta tan alegre:
    – ¡Uy! ¡Estás embarazada! Pero, tú ¿cuántos años tienes?
    – 27… (cara de pocos amigos)
    – Ah, bueno… entonces está bien.

    Me marché de la farmacia con mis píldoras y la bendición de la señora. Ya puedo dormir tranquila.

    Que ya sé que parezco más joven de lo que soy, pero digo yo que estos juicios de valor se los tendría que guardar para ella, ¿no?

    (Ale, ya me he desquitado… :P)

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  • Estefanía2 marzo, 2015 a las 23:16

    Yo soy técnico y mi anécdota hoy se puede denominar como tal, pero aquel día su nombre fue algo así como la “matanza de Texas”.
    Estaba realizando mis maravillosas prácticas poniendo en práctica todo aquello que se me enseñó.
    Cuando atendía a un paciente me convertía en una balsa de aceite, todo super tranquilo, un despilfarro de empatía, siempre intentando poner en práctica todo aquello que mis libros me habían enseñado.
    Todo era super-tranquilizador hasta que llegaba el momento de cortar el cupón precinto, bendito momento por Dios!!!! Que momento más incómodo para mi persona, es que no llegaba a encontrar el juego de mano con el mango de dicho objeto sin destrozarlo (supongo que tras cortar miles le pillaría el truco, pero de momento no había manera). Cada vez que tenía que cortar un cupón, me cambiaba el color de cara ya que veía venir una desgracia.
    Pues la desgracia llegó tal y como yo presentía, me pegué un corte que recordaré toda mi vida, aquella caja de Nasonex sufrió un cambio de estética importante gracias a la cantidad de sangre que soltaba mi inoportuna puñalada. La Señora me miraba con una cara como diciendo -¿De Dónde ha salido esta? y yo con toda mi tranquilidad y tono ameno la miraba diciéndole, -no se preocupe no ha sido nada, mientras me chorreaba la sangre por la palma de mi mano. Al final mi compañera se hizo cargo de la dispensación de la señora y yo me marche a curarme. El corte fue profundo pero nada importante.
    Como comentaba anteriormente hoy me río cuando lo cuento y recuerdo, pero aquel día lo pasé realmente mal eran mis prácticas, algo muy importante para mí. Si es que el troquelado habría que troquelarlo más jolines!!!!

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  • madre estresada3 marzo, 2015 a las 22:57

    He hablado hoy con el farmacéutico de mi barrio, también nació en una botica.
    Me ha contado que cuando empezaron a vender preservativos, un vecino un poco mayor le pidió una caja.
    Poco tiempo después fue a reclamar, su mujer estaba embarazada, y él harto de tirar de botijo para tragarse esas cosas

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