Píldora Gran Hermano: el médico podrá saber si te has saltado una dosis

El pasado lunes 13 de noviembre la FDA aprobó la comercialización de un “medicamento inteligente” llamado Abilify MyCite. Con este nombre, que bien podría parecer un competidor cursi de Tinder, se ha bautizado a unos comprimidos que contienen un sensor a partir del cual se puede rastrear si el paciente ha tomado la medicación o no. Es decir, se trata de una “píldora chivata”. De esta manera se pretende dar un paso más en la mejora de adherencia a los tratamientos.

¿Cómo funciona la “píldora Gran Hermano”?

El mecanismo el el siguiente: los comprimidos contienen un sensor del tamaño de un grano de sal. El sensor no tiene batería ni antena y se activa al entrar en contacto con los jugos gástricos. Se genera una pequeña carga eléctrica que detecta un parche que debe llevar puesto el paciente y este parche, a su vez, envía una señal a una aplicación de su teléfono móvil. El paciente puede dar su consentimiento para que cuidadores y médicos puedan acceder a la información desde una página web.

¿Este sistema vale para todos los fármacos?

Este sistema despierta curiosidad ya que podría ser de interés en el futuro para mejorar la adherencia en múltiples tipos de tratamientos como por ejemplo la diabetes, hipertensión o hipercolesterolemia. Sin embargo, quien se esté agobiando ya imaginándose con el parche puesto, puede respirar tranquilo. Actualmente la FDA sólo ha aprobado el medicamento Abilify MyCite en concreto.  Abilify (aripiprazol) es un fármaco indicado para la esquizofrenia aprobado por la FDA desde el año 2002.  De hecho, para su versión inteligente, existen restricciones y ni siquiera  está aprobado en aquellos casos en los que se emplea para tratar pacientes con psicosis relacionada con la demencia.

píldora gran hermano

Píldora Gran Hermano: la polémica está servida

Al parecer la comercialización de estos comprimidos chivatos ha abierto un melón ético sobre la conveniencia de su uso. A mí, sinceramente, me sorprende que este debate tenga lugar precisamente ahora, en la época de los wearables.

Los humanos nos hemos convertido en seres hambrientos de estadísticas que echarnos a la boca. Nos tranquiliza pensar que podemos monitorizar a nuestros hijos con apps que miden la temperatura en el móvil para después enviar las gráficas al pediatra por WhatsApp. Nos vuelve locos llevar pulseritas que nos dicen cuantos pasos hemos dado desde que ponemos un pie en el suelo hasta que lo volvemos a introducir en la cama. E incluso nos parece razonable que otra pulserita mida nuestras pulsaciones y nos pegue una especie de calambrazo para despertarnos cuando considere que es el momento ideal. Y ya que estamos, opinio que lo del “momento ideal para despertarse” es una incogruencia en sí misma.

Sin embargo, esto de la píldora chivata es una vuelta de tuerca en la que la aplicación nos va a poner nota. Nos puede sacar los colores y esto ya puede gustarnos menos. Personalmente, en cuanto al debate ético, no veo un gran drama por tres razones:

  • El uso del fármaco inteligente no es obligatorio. El médico valorará si el paciente tiene el perfil adecuado para ofrecérselo.
  • Los datos de rastreo pertenecen al paciente. Sólo pueden acceder a ellos los médicos y familiares mediante el debido consentimiento.
  • Hasta ahora solo se ha comercializado un fármaco de este tipo y está destinado al tratamiento de la esquizofrenia. Se trata de un grupo de pacientes en los que la pérdida de adherencia a los tratamientos es especialmente preocupante.

Conclusión de la Boticaria

Se estima que en Estados Unidos el gasto generado por la falta de adherencia es de cien mil millones de dólares al año y parece lógico investigar en nuevas estrategias para limitarlo. Que la tecnología y las aplicaciones móviles estén implicadas en estas estrategias es, simplemente, parte de la evolución.

El siguiente paso es estudiar si realmente este tipo de intervenciones son eficaces.  Y, sobre todo, dedicar recursos a que cada uno de los actores implicados en la función (pacientes, médicos y cuidadores) se formen para poder manejar de forma razonable y efectiva los datos que ofrezca la “píldora Gran Hermano”. Mi opinión es un claro SÍ. Ahora habrá que ver qué opina Mercedes Milá de todo esto. 

¿Y vosotros? ¿Qué pensáis?

Os dejo este vídeo con más información:

 

Agradecimientos:

A Melisa Tuya, por el “chivatazo” de verdad.

 

Imágenes:

Pixabay

Wikimedia Commons

 

4 Respuestas a los Comentarios

  • Javi Santos15 noviembre, 2017 a las 12:24

    Mercedes Milá no necesita ningún medicamento gracias a la enzima prodigiosa…
    Más allá de la parte social, es realmente fascinante desde un punto de vista científico. Gracias Boticaria.

    Responder
    • boticariagarcia15 noviembre, 2017 a las 12:25

      Gracias Javier, opino exactamente igual que tú (en todos los puntos que has tocado). Gracias a ti por leerlo.

      Responder
  • .15 noviembre, 2017 a las 12:55

    Como la gente no es tonta y no se toma los antipsicóticos, cuyo uso se ha demostrado, daña el cerebro y no cura a nadie, como también se ha demostrado, sino que empeora la situación, vamos a ver si les obligamos, que se saca un buen dinero vendiendo veneno.

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    • Noelia16 noviembre, 2017 a las 09:27

      A esa persona que habla de vender veneno y de que nadie se cura con antipsicoticos decirle que si no fuera por los fármacos habría muchas desgracias. Hay pacientes que no se quieren tomar la medicación, son peligrosos para ellos mismos y otras personas y para colmo viven solos, y es un gran problema, a ver ¿que solución propones? Y es un tema terrible sobre el que no se debería de frivolizar.

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