Historia: de la compresa con tirantes a la compresa con alas

Cuando me propusieron hacer una entrevista para el programa Esto me suena de RNE sobre la evolución de las compresas femeninas a través de la historia, no me lo pensé dos veces.

En primer lugar porque yo a mi “tocayo” Ciudadano García, también conocido como “muso” de mi madre, no le puedo negar nada de nada. Y menos desde la entrevista tan chula que me hizo cuando publiqué El Paciente Impaciente.

Y en segundo lugar porque el tema es un temazo. Sí, es un temazo. Ya saben ustedes que en esta casa nos gusta mucho tocar el tema menstrual. Ya hemos tocado (metafóricamente) las copas menstruales y las esponjas menstruales e incluso hace poco nos vinimos muy arriba con un vídeo-debate en el que aplasté los argumentos de una amiga.

 

Total, que el resultado de la entrevista sobre la historia de las compresas lo tienen ustedes aquí, a partir del minuto 46.

Historia de las compresas higiénicas: el resumen

Por si les pilla a ustedes trabajando y lo de poner el enlace de la radio sobre las compresas no queda muy elegante, les hago un resumencito.

Del trapito de Hipatia a los saquitos de cenizas

Cuenta la leyenda que Hipatia de Alejandría (virgen hasta la sepultura) le sacó su trapito menstrual a un discípulo que se le insinuó con el fin de espantarlo. Es decir, lo de usar “trapos menstruales” viene de lejos.

Desde pieles de animales, hierbas, esponjas marinas (similares a la idea que promociona ahora la CUP) hasta  cenizas de madera envueltas en tela. Todo valía mientras presentase cierta capacidad absorbente.

El primer intento…

Las compresas desechables, como tales, “se inventaron” en 1888 cuando Johnson&Johnson se lanzó a comercializarlas. Al parecer el invento no tuvo mucho éxito porque las bautizó con nombres como “toallas femeninas” o “servilletas higiénicas” y las damas de la época les daba reparo pedirlas en los comercios. Parece ser que el pudor y el tabú del tema se interpuso con la practicidad.

La I Guerra Mundial como fuente de inspiración

Como en tantas otras ocasiones, si para algo han servido las guerras ha sido para favorecer el desarrollo de determinados campos médicos como por ejemplo la traumatología o la radiología. En este caso, también sirvió como fuente de inspiración para apuntalar el nacimiento (o re-nacimiento) de las compresas desechables.

Las enfermeras de la Cruz Roja se dieron cuenta de que ese material (rayón) que se utilizaba en sustitución del algodón (que escaseaba) era muy absorbente. Su imaginación voló hacia sus necesidades básicas encontrando una lógica aplicación: ¿por qué no emplear ese material para absorber el flujo menstrual?

La industria contraataca, y esta vez marketing mediante

La industria se apercibió del “descubrimiento” y poco después, en 1921, en Alemania se puso a la venta una nueva marca de compresas pero esta vez con un nombre más comercial: Camelia. Un día (no en el corto plazo, un día que me aburra mucho) haré un estudio sesudo sobre el uso de nombres de mujer, a ser posible suavones y cursis, para denominar los anticonceptivos en general y los productos de higiene femenina en particular (algunos ejemplos son Yasmin, Azalia, Diane, Zoely, Loette… incluso acabo de encontrar uno de algún país no muy lejano llamado Bellaface).

¡Ojo! No crean ustedes que eran tal y como las conocemos ahora. Tenían un tamaño maxi-super-plus, más parecido a los pañales de nuestros hijos que a una Evax al uso.

Modess fue la primera marca que se comercializó en Brasil (1933) y continúa en los lineales de los supermercados en la actualidad.

historia compresas

Las compresas con tirantes: impacto total

A pesar de que una ya está curada de espanto y cree haberlo visto todo, ciertas imágenes que encontré en Internet me dejaron huella. Se trata de los “cinturones sanitarios”: una especie de cinturón con dos enganches (uno delante y otro detrás) donde la compresa se une y queda cubriendo la zona desde delante hacia atrás a modo taparrabos.

En su época podía ser útil ya que la ropa interior era regulera (o no era), aún no se habían inventado las compresas con alas o simplemente con adhesivo, y este sistema permitía que la compresa permaneciera en su sitio.

cinturon sanitario

Si no se hacen idea, se lo voy a poner fácil porque resulta que este modelo de cinturón-taparrabos, al igual que Modess, sigue comercializándose en la actualidad y lo tienen a su disposición por ebay a un módico precio. Sobran los comentarios.

 

historia compresas

 

Las compresas superabsorbentes

A pesar de existir las compresas desechables, las tradicionales de trapitos seguían teniendo su público. No obstante, las compresas desechables resultaban caras y un lujo que muchas mujeres no podían permitirse. Hay documentos gráficos de compresas de tela con las iniciales bordadas.

En los años 70 hubo un par de cambios que catapultaron a las compresas desechables:

  1. La aparición del poliacrilato de sodio: un polímero capaz de absorber hasta 800 veces su volumen. El responsable último de la “magia” que todos observamos en los 90 cuando se popularizaron los anuncios en los que se vertía un liquidito azul sobre las compresas.
  2. La aparición “por fin” de los adhesivos en las compresas y, posteriormente, de las famosas “alas”.

Conclusión:

En términos menstruales, creo que debemos sentirnos afortunadas por haber nacido en esta era y no tener que vérnoslas con pieles de conejo o sacos de cenizas. Aunque bueno, siempre hay un roto para un descosido y ahora hay otro grupo de personajes que abogan por el “sangrado libre”. Sí, como suena. Si les interesa el tema háganmelo saber que no pierdo ocasión de escribir sobre cosas escatológicas.

Larga vida a todos los artefactos inventados (incluidos los “tirantes” del ayer y de hoy) y no olvidemos que lo importante, siempre, es hacer un correcto uso de los mismos. Y esto va por las esponjas vaginales que, insito, no, no y no reutilizables.

 

Imágenes: Wikimedia Commons

 

 

5 Respuestas a los Comentarios

  • Mi Álter Ego28 Febrero, 2017 a las 16:56

    Necesito que hables de eso del sangrado libre. No soy muy fan de los temas escatológicos pero me has dejado muerta de curiosidad.
    Muerta me ha dejado el arnés ese… Y más muerta me deja que aún se pueda conseguir algo parecido.

    Besotes!!!

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  • mily28 Febrero, 2017 a las 18:06

    No estoy segura de si esos tirantes para compresas se parecen más a un tanga o a un cinturón de castidad… Qué alegría tengo de haber nacido en la era de los tampones.
    A mí me gustaría que hablaras sobre el sangrado libre, siempre que he buscando en google he acabado en blogs y otras webs “espirituales”, donde hablaban de mucha conexión con la feminidad y la madre tierra pero de argumentos biológicos y fundamentos científicos ni torta.

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  • ignacio1 Marzo, 2017 a las 13:06

    Ni lo uno ni lo otro, una genera una cantidad de residuos salvajes si sumamos los miles de millones de tampones que se tiran semanalmente a la basura sin control, lo otro para mi no tiene nombre, para desinfectar eso se necesitaría un autoclave y encima usarlo varios años, en fin, creo que hay métodos mejores

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  • Ignacio3 Marzo, 2017 a las 12:32

    Sí puedes hablar del sangrado libre,a pesar de que soy chico te lo agradecería,ya que me dedico al medio ambiente y todo lo que sea ayudar a usar medidas ecológicas me parece perfecto. Un saludo y gracias

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  • Rebeca8 Marzo, 2017 a las 17:38

    Me acuerdo cuando llegó al buzón de casa una muestra gratuita de un nuevo tipo de compresa que, en lugar de celulosa, estaba formada por microbolitas de gel que se hinchaban cuando les caía un líquido. Mi hermano y yo, con ánimo científico, la rompimos para ver las bolitas y le echamos un poco de agua para ver qué pasaba.

    Después acabé usando unas con el mismo sistema y recuerdo encontrarme esas bolitas por todas partes: pegadas a mí y a mi ropa interior, quizá porque eran marca blanca. No sé si siguen fabricándolas, pero me parecieron muy poco higiénicas y dejé de utilizarlas.

    Un saludo.

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