El cuarteto de los horrores

Sucedió el verano en que terminé la carrera, en una farmacia rural.

Por allí vivía un señor de unos cincuenta años (un mozo viejo, como diría mi abuelo) que, habiendo estado soltero toda su vida y dedicado a su agricultura, finalmente encontró el amor y, desde entonces, vivía junto a una señora del Este (pongamos Rumanía) de las que se habían asentado en la zona.

el cuarteto de los horrores

La señora del Este, meses después de vivir juntos, se destapó con que tenía un hijo de veintitantos, y quería invitarlo a pasar el verano en el pueblo con su novia. Al mozo viejo, a estas alturas, todo le parecía bien.

Una mañana de agosto entraron por la puerta los cuatro (mozo viejo, señora del este, hijo y novia). La novia, hecha un flan y un paño de lágrinas, la señora del Este, cabreadísima, el hijo, mirando al infinito con cara de toli y el mozo viejo murmurando: “yo creo que deberíamos ir al médico pero…”.

La señora del Este, sin dar los buenos días, me gritó que su hijo era un inútil y que había dejado preñada a la novia. Mientras me lo contaba, por darle realismo, le soltó un par de collejas. La novia sólo lloraba. En definitiva, querían una prueba de embarazo.

Ante tal panorama, con la ilusión de una recién licenciada y todas mis ganas de ayudar, le pedí a la “joven pareja” que pasara al despacho para poder hablar con ellos a solas a riesgo de que la señora del este nos acabase mordiendo a todos. No entendían español ni inglés, así que agarré el almanaque de Ntra. Señora Demipueblo, y, entre el maravilloso lenguaje corporal (no hubiérais querido verme), y algún otro garabato en un papel (tampoco hubiérais querido verlo), saqué más o menos en claro la fecha de la última regla y la del acto de desenfreno.

El desenfreno había tenido lugar la noche anterior y, por tanto, el test de embarazo no tenía sentido. La futurible abuela, que cada vez estaba más encendida, me espetó: ¡tú esperas!  yo obecedí y esperé (cualquiera discrepaba) y ella volvió del coche con un vaso de chato de vino tapado con papel de aluminio: “Hemos traído pis, y vas a hacer la prueba”.

A pesar de lo absurdo, cogí aquel vaso infectocontagioso e hice una prueba de embarazo. No por vender un test, que al final ni se lo cobramos, sino porque hay casos en los que es absurdo discutir. Por eso, y porque además yo valoro mucho mi integridad física. Después de volver a explicarles lo obvio del negativo, la señora del este pronunció las palabras mágicas: ¿Y la píldora esa, qué?

Les expliqué que para la píldora esa se necesitaba receta (en 2005 Pajín aún no mandaba tanto) y que tenían que ir al centro de salud. Entonces, el mozo viejo levantó por primera vez la mirada y dijo: “si ya decía yo que teníamos que ir al médico primero, pero…”.

Al oir aquello, la novia atormentada, que debía de entender más español de lo que parecía, dejó de llorar, me cogió del brazo con fuerza y me arrastró a la rebotica de nuevo. Sacó por el cuello de la camiseta una cruz que llevaba colgada, me la enseñó y con ella en la mano me dijo suplicando: ¡Yo píldora no, no, no!

Con la iglesia habíamos topado. Una hora nos costó llegar al muy respetable quid de la cuestión. Ése día comprendí que no sólo sufrían las que no podían acceder a la píldora, sino también las que podían ser obligadas a tomarla en contra de su voluntad.

El cuarteto de los horrores fue, no el mayor, pero sí el primero de los bizarros episodios que me han tocado vivir en la farmacia. Y los que me quedan.

 

 

 

 

 

 

 

 

37 Respuestas a los Comentarios

  • matronaonline27 marzo, 2014 a las 08:39

    La de orinas en botes de mermelada que habré visto en el hospital…
    Menuda anécdota! cómo acabaría? la familia era peculiar, desde luego, aunque esto pasa “hasta en las mejores familias”, adolescente embarazada a la que los padres le dicen que aborte, quiera o no.

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    • boticariagarcia27 marzo, 2014 a las 10:49

      Y no sólo adolescentes, que esta chica tenía ya sus 25 años perfectamente. Afortunadamente la historia tuvo un final feliz para todos.

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  • Ariana27 marzo, 2014 a las 08:40

    Genial!!!

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  • trimadre27 marzo, 2014 a las 08:45

    jajaja madre mía! qué historia! yo también me he quedado con la curiosidad de qué pasaría! mi madre también es muy de meter a la gente en la rebotica a echarles la chapa, sobre todo a las adolescentes que vienen por segunda vez a por la píldora del día después. Salen “equipadas” de anticonceptivos para un mes 😉

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    • boticariagarcia27 marzo, 2014 a las 10:55

      Todo terminó bien. Por las fechas era bastante improbable que estuviera embarazada, y finalmente no lo estaba. Eso sí, creo que los tortolitos se volvieron al Este por donde habían venido con celeridad. Bien por tu madre. La educación sexual es importante y alguien tiene que hacerla 😉

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  • Noemi Megustamibarrio27 marzo, 2014 a las 08:55

    Me encanta la anécdota!!!
    A todo esto, si saca el crucifijo para la píldora, que lo saque también en la cama con el novio, ¿no? Porque yo de matrimonio no he oído nada :p

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    • boticariagarcia27 marzo, 2014 a las 10:57

      No se te escapa una, socia lince 😉 Como me decían en los cursos prematrimoniales… “en el tálamo, Cristo, tú y yo”. 😛

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      • Kayden17 enero, 2017 a las 06:08

        It’s always a relief when someone with obvious expterise answers. Thanks!

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  • nenica27 marzo, 2014 a las 08:57

    que divertido!

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    • boticariagarcia27 marzo, 2014 a las 10:58

      En el momento un poco violento, pero al final siempre queda la anécdota.

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  • sarablancos27 marzo, 2014 a las 09:17

    Jajajajaja, madre del amor hermoso, la verdad es que anécdotas como esa y parecidas tendrá miles…lo que da de sí la sanidad por dios, recuerdo una parejilla de chavales histéricos por si ella se había quedado preñi por que el se había hecho una “pajilla” y luego la había tocado…las tetas, ahí es na.

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    • boticariagarcia27 marzo, 2014 a las 11:00

      Luego se ríen de los católicos porque creen en que el Espíritu Santo puede dejar preñada a la gente, pero hay cosas bastante peores… 😛

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  • Marta27 marzo, 2014 a las 09:23

    madre mía, la de anécdotas que tendrás para contar, y pobre chica… Al final, supiste si estaba embarazada??

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    • boticariagarcia27 marzo, 2014 a las 11:02

      Finalmente no, por fechas era complicado y al final hubo final feliz para todos. 🙂

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  • estoesparauna27 marzo, 2014 a las 10:01

    XD tremendo. ¿Y cómo acabó???? Novelus interruptus NO!! 😉
    Con la maternidad me veo obligada a visitar a la farmacéutica con cierta asiduidad y estoy por poneros un monumento a la santa paciencia infinita ;o)

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    • boticariagarcia27 marzo, 2014 a las 11:05

      Yo ante de un monumento prefiero que me pongas un piso. Lo dejo caer, por si se puede elegir 😉
      Había que dar un poco de suspense a la historia. Era complicado por fechas que la chica estuviera preñada, y finalmente no lo estaba. El mozo viejo se libró de ser abuelo y creo que los mandó a todos a su lugar de origen, con gran senstatez castellana. 🙂

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  • Alele27 marzo, 2014 a las 10:49

    Ya sabía Antonio Mercero que las historias de una farmacia daban para hacer una serie cómica y de éxito 🙂

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  • remorada27 marzo, 2014 a las 11:28

    ¿y qué paso? ¿qué pasó? ¿qué pasoooooó? O_O

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  • Mi Álter Ego27 marzo, 2014 a las 12:41

    Jajajaja. Quiero más historias de éstas, por favor. Te lo suplicoooo. Besotes!!!

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    • boticariagarcia27 marzo, 2014 a las 13:10

      En pequeñas dosis, que si no os pensáis que mi vida es una juerga. Y no 🙂

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  • Pri27 marzo, 2014 a las 13:16

    Aclarado lo del embarazo, a mi me interesa saber si Chico viejo y Señora del Este siguen juntos…

    Me declaro superfan de Señora del Este. Una persona que se responsabiliza de sus actos…

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    • boticariagarcia27 marzo, 2014 a las 20:05

      Hace tiempo que no frecuento el lugar. Pediré informes. Todo por satisfacer tus necesidades informativas.

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  • Herenia27 marzo, 2014 a las 16:34

    Jejeje me encanta!!! La cultura sexual que tendrían para chingar y ¿contarlo?

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    • boticariagarcia27 marzo, 2014 a las 20:07

      En realidad lo contaron porque tenían un “problemón”, o al menos eso creían, y necesitaban que un mayor se lo resolviera…

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  • alexurbanpop27 marzo, 2014 a las 17:46

    Madre del amor hermoso! La de daño que puede hacer una cruz de madera, arruinar una vida que está claro que se ha hecho, esos dos no parece que estuvieran preparados para asumir las responsabilidad de ser padres.

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    • boticariagarcia27 marzo, 2014 a las 20:12

      No creo que la culpa sea de la cruz de madera, Álex. Se puede ser católico apostólico romano y tener dos dedos de frente.

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      • alexurbanpop27 marzo, 2014 a las 20:15

        Estéticamente veo algo más que una fe en esa cruz, que sea de madera indica también otras cosas, en este caso me imagino una mala situación económica y una educación pobre. Los símbolos dicen más de lo que parece

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        • boticariagarcia27 marzo, 2014 a las 20:31

          Para empezar, lo de que la cruz es de madera lo has dicho tú. En el post no menciono de qué material es porque sinceramente ni me acuerdo. Obviamente, si son hijos de emigrantes su situación económica no creo que sea buena. En la zona en la que estoy ahora veo más embarazos deseados en quinceañeras y veinteañeras de los que me gustaría (no me gustaría ninguno, y veo bastantes) y te aseguro que ninguna de ellas es de misa diaria.

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          • alexurbanpop27 marzo, 2014 a las 20:38

            Mi cerebro se crea imágenes mentales que mis palabras no pueden pagar XD. De todas formas me parece una atrocidad que esas niñas quieran tener hijos, me parece de una falta de cordura total, pero claro, la educación es diferente.

  • planeandoserpadres28 marzo, 2014 a las 09:14

    ¡Virgen de la Teta al hombro! ¡Cómo están las cabezas! Pues si esto no es lo más raro que te ha sucedido en la farmacia ¿qué más se puede vivir en este tipo de trabajo? Porque anda y que la situación no es ya bastante peculiar.

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    • boticariagarcia28 marzo, 2014 a las 18:53

      Es cierto que las anécdotas de la vía vaginal son las que más juego dan, pero la gente es una caja de sorpresas. Digamos que nunca nos aburrimos 🙂

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  • Emilio25 noviembre, 2015 a las 03:48

    Bueeeeno, no solo me ha gustado la anécdota. Me ha encantado tu estilo literario contándola.
    Felicidades, tu prometes…

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